Kampel dijo esto al referirse a conflictos bélicos aún vigentes en el mundo, a lo que agregó que ese “no aprender” es el prólogo de la próxima guerra, probablemente más injusta, más destructiva, más evitable y menos necesaria que todas las anteriores.
Para terminar el concepto, advirtió que así será mientras el mundo esté en las manos de los que privilegian la diplomacia de las armas y no las armas de la diplomacia.
Ahora bien, salvando las distancias, y tal vez no tantas como creemos, los flagelos de la corrupción y la guerra tienen más de una arista en común, y sus nefastos efectos sobre los pueblos pueden ser comparados en más de un sentido, al punto, incluso, de poder concebir a la guerra como un producto de la corrupción.
Ambos han estado presentes a lo largo y a lo ancho del mundo durante el siglo pasado y, ni hablar, durante la primera década del presente, tanto o más que la guerra, aunque si las mismas marquesinas mediáticas.
Lo que pasa es que la sangre fresca vende más que la degradación social, ésta, con características intrínsecas que varían según cada idiosincrasia y cada territorio, impacta, muertes menos, muertes más, destruyendo, al igual que la guerra, cualquier oportunidad de futuro digno.
Del mismo modo, igual que las guerras, la próxima gestión será más injusta y más destructiva que todas las anteriores, ya que cada una amplía su propio marco de cultivo autoalimentando la perpetuidad de los flagelos, esos que les permiten sobrevivir en el poder.
Si bien Kempel adjudica esto a quienes privilegian la diplomacia de las armas y no las armas de la diplomacia, creo que ambos casos tienen la misma génesis: la mezquindad, el egoísmo y la inescrupulosidad de esa casta de hombres a los que les permitimos acceder al poder.
Para terminar, reitero las primeras palabras de Kempel, donde nos dijo que nada o casi nada hemos aprendido de los ejemplos que el siglo pasado y la primera década del presente nos ofrecieron en bandeja de plata, agregando que, tarde o temprano, el hartazgo promoverá la reacción de los pueblos, ya que solo de ellos puede brotar cualquier revolución que altere esta realidad y su nefasta condena.
NdeR: Bruno Kempel es un escritor argentino que nació en Río de Janeiro, se crió en Buenos Aires, estudió Derecho, Marketing y Comercio Exterior, se desempeña como Consultor Internacional y actualmente reside en Suecia.
Norman Robson para Gualeguay21

10 septiembre, 2026 2:21 am/
Cuando quienes lucimos canas éramos chicos, el palo borracho era un árbol muy simpático, fruto de...

















