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Bomba de tiempo


Hoy no son pocos los que se horrorizan ante el violento desmadre imperante en nuestras calles, especialmente en previsibles coincidencias de tiempo y espacio.

Robos, asaltos, incendios, peleas, apuñalados. Hay de todo y para todos, aunque muchas veces no se sepa de hechos que permanecen en la oscuridad.
Si bien carecemos del conocimiento adecuado para calificar a la política policial como inoperante o ineficiente, sí hay algunas inquietudes que nos llevan a dudar de que se estén haciendo las cosas bien.
En este sentido, por ejemplo, hay dos realidades que son indiscutibles y que, creemos, inciden directamente en este problema: los barrios liberados y la ausencia policial en las calles.
La periferia de la ciudad está, desde hace mucho tiempo, totalmente liberada del accionar policial.
Al mejor estilo de una película de cowboys, los sectores alrededor del centro están liberados a la anarquía delictiva, la cual, esporádicamente, desborda hacia el centro en hechos delictivos.
Hoy, en las esquinas de todos los barrios, cada noche se celebran largas ceremonias de droga y alcohol, las cuales son el caldo de cultivo donde germina la violencia que hoy vivimos.
¿No se puede hacer nada?
Hoy, la red de kioscos narcominoristas se despliega libremente a lo largo y a lo ancho de toda la ciudad.
Hoy, cada barrio tiene su almacén y un kiosquito de droga, y todos sabemos cuál es.
¿No se puede hacer nada?
Hoy no hay policías en la calle. De un año a esta parte se ha reducido drásticamente la presencia de efectivos policiales en los distintos sectores de la ciudad.
¿Dónde están los que estaban?
Hoy, los boliches bailables concentran, en las noches del fin de semana, cada uno, un millar de jovencitos y jovencitas desbocados que, potenciados por el alcohol y la droga, derivan regularmente en hechos de violencia.
¿No se puede controlar?
Ahora bien, más allá de todo esto, lo cual, si se quiere, se puede negar, lo cierto e indiscutible es que están pasando cosas cada vez más graves.
¿Qué medidas se están tomando en tal o cual sentido?
Son muchas las dudas mientras que, por otro lado, en llamativa contraposición con esta realidad, los operativos de tránsito realizados por la policía proliferan en las calles oscuras del centro.
¿Qué debemos pensar?
No se los lectores pero, por acá, la política local en seguridad pinta como una bomba de tiempo que está explotando hoy en las manos de quienes la colocaron.
Norman Robson para Gualeguay21

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