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China y el nuevo modelo agroexportador


Preocupa cómo se vienen desenvolviendo ciertos acontecimientos en nuestra provincia.

El año pasado se privatizaron el Frigorífico San José y Cotapa, cuyas mayorías accionarias fueron adquiridas por el consorcio de origen Chino Cartipam  S.A., luego de fracasar el intento de gestión estatal en ambas empresas. El resultado: el Estado entrerriano invirtió cerca de $180 millones en 2010 para estatizar estas empresas, y finalmente las vendió por $110 millones en 2014. Lo que se dice, un pésimo negocio para los entrerrianos. Al regresar de su viaje por la República Popular China, Sergio Urribarri informó que Cartipam S.A. también va a adquirir la Compañía Citrícola Ayuí, de Concordia, y que hay capitales chinos interesados en invertir en la reactivación de Puerto Ibicuy, el más importante de la provincia.
Mención aparte merece el tristemente célebre caso de los acueductos del norte entrerriano, dos obras que probablemente aporten un fuerte impulso a la producción local, pero que están contaminadas por la falta de transparencia sobre sus detalles técnicos, económicos y ambientales, y, fundamentalmente, por una irregularidad mayúscula como la falta de un llamado a licitación pública, que es lo que dictamina la ley. Para realizar estas obras, el Estado provincial se endeudará por 430 millones de dólares, lo que equivale elevar la deuda pública entrerriana en un 55%. Una cifra descomunal, que comprometerá la Coparticipación Federal de Impuestos por los próximos 20 años.
No debemos dejarnos engañar,  no estamos frente a un repentino interés de los inversionistas chinos por realizar buenas inversiones en nuestra provincia. Estamos frente una potencia mundial con una economía estrechamente controlada por el partido de gobierno, el Partido Comunista Chino (PCCh), y cuyas decisiones de inversión están basadas en los objetivos estratégicos que tiene definidos para la región. Sus intereses en Entre Ríos son muy claros: vienen por los alimentos que se producen o potencialmente pueden producirse en nuestro territorio. Así como, a principios del siglo pasado, Inglaterra invertía en Frigoríficos y Ferrocarriles para sacar rápidamente la producción argentina hacia el puerto, en nuestros días, China adquiere las compañías productoras de alimentos e invierte en la infraestructura que necesita para movilizarla, como en el caso de la reactivación del Puerto Ibicuy.
Ayer por la tarde, aprovechando su participación en el programa “Sin Secretos”, emitido por una radio de la capital entrerriana, le pregunté al Senador Enrique Cresto qué opinión tenía sobre estos importantes asuntos. Su respuesta fue más que esclarecedora. Defendió el tipo de relación que tenemos actualmente con China argumentando que ellos producen lo que nosotros necesitamos y nosotros tenemos lo que ellos necesitan. En otras palabras: ellos producen las manufacturas que nosotros compramos y nosotros tenemos las materias primas ellos están buscando. Es decir, una cerrada defensa del viejo y conocido modelo agroexportador.
Nadie puede desconocer que China es una gran oportunidad para nuestro país, pero también entraña amenazas. La oportunidad es generada por su gran demanda de alimentos y el consecuente incremento de nuestras exportaciones, es cierto, pero solo será realmente aprovechada si concretamos un salto cualitativo en nuestro desarrollo, agregándole valor a la producción, generando industria, diseño e ingeniería entrerriana. Las amenazas están en la tentación de dormirnos en los laureles de los beneficios a corto plazo que generan las exportaciones primarias y en la facilidad del gobierno actual para negociar en forma irresponsable e improvisada con una de las potencias más grandes del mundo. Pasó más de un siglo desde el auge del primer modelo agroexportador, y sin embargo parece que seguimos sin aprender las lecciones.
Gastón Armándola – FUNDER

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