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Cosas de la pandemia

Si bien hablar de estas cosas hoy puede parecer reiterativo, parece que la situación actual lo amerita. En esta nueva realidad que propuso, y nos dejó, la pandemia, es preciso que toda la sociedad conciba cabalmente cómo se dan los contagios, qué es un protocolo, y cuales son las responsabilidades en este proceso de adaptación. Las sociedades inteligentes evolucionan siempre a partir del conocimiento de sus individuos, nunca desde la ignorancia.

¿Cuál es la nueva realidad? Una en la cual podremos hacer todo lo que hacíamos antes, tener los mismos derechos y obligaciones, pero con modificaciones a las costumbres. Una realidad que nada tiene que ver con el aislamiento social ni con el parate económico, sino con diferentes formas de hacer lo mismo que antes.

El contagio

Este virus que hoy pone en vilo al mundo es muy agresivo, lo cual significa que se contagia fácilmente, pero lo hace solamente cuando lo expulsamos en microgotas al hablar, toser o estornudar, las cuales pueden alcanzar a otros que estén cerca; o pueden quedar en nuestras manos, que luego tocarán a otros; o pueden posarse en algún lugar próximo al alcance de otros.

Todo esto ocurre en los espacios públicos o compartidos, esos ámbitos donde hay contacto estrecho entre las personas, como el hogar, el trabajo, el comercio, la plaza, la oficina, el gimnasio, la peluquería, la sala de espera del doctor, el restaurante, la escuela, el área de servicios, el transporte, etcétera.

Las precauciones

De la forma de contagio surge la importancia del tapabocas conteniendo tanto la expulsión del virus como su incorporación al organismo, o de mantener la distancia social, o de que los espacios estén bien ventilados, pero esto no evita que se recoja el virus al tocar algo.

Para esto se requiere el lavado de las manos con alcohol al ingresar a un espacio público o compartido, donde se tocarán productos o herramientas o aparatos, y lo que, también, se debería pedir es que quienes ingresan eviten tomarse el rostro mientras están adentro, y, si lo hicieran, que vuelvan a lavarse con alcohol antes de tocar algo.

Los protocolos

Para todas estas precauciones se han creado los protocolos, los cuales son determinados a la medida de cada caso, y apuntan a asegurar que cuando alguien ingresa y permanece en un espacio público o compartido, haga allí lo que deba o quiera hacer, no deje ni se lleve, el virus.

Se trata de normas y procedimientos a cumplir, dentro de esos espacios, durante lo que allí se haga, de modo de que eso que haga no signifique que contraiga el virus, ni que, si ya lo tiene, lo esparza allí.

La responsabilidad individual

La responsabilidad individual de cada uno pasa, más que nada, por comprender cabalmente todo esto, por ajustar nuestras conductas a esta realidad actuar, por darle la importancia que tiene, y por acompañar, con la mayor disposición, el cambio que enfrentamos, conscientes y convencidos de que esto “no pasa”, sino que esto se queda y que somos nosotros quienes debemos adaptarnos. 

La responsabilidad pública

La responsabilidad por fuera de la individual es la pública, aquella en manos de las autoridades del Estado, quien no puede imponer el orden en la intimidad de los hogares, ni impedir que las personas se reúnan en otros, pero si debe asegurarse de que esas personas no contagien a otros en los espacios públicos y compartidos 

De este modo, lo que ocurra en la vida íntima de las personas queda sujeto a la responsabilidad individual de cada una, y, si allí hay contagios, es un problema particular de ellas que no afecta a los demás.

Para ello, el Estado cuenta con la autoridad suficiente para imponer, y controlar, la aplicación de los protocolos mencionados, los cuales impidan que el virus pase de unos a otros, y, así, se propague la pandemia. De ese modo, cualquier persona que se haya contagiado, y que pueda contagiar, cursará su enfermedad sin transmitirla más que a él se le acerquen.

El conocimiento de estos conceptos aquí vertidos es indispensable para cualquier sociedad que quiera sobrevivir de la mejor forma posible a esta crisis. Indispensable para todas las personas en general, pero, en particular, para la clase dirigente de la sociedad civil y del Estado, ya que son quienes deben liderar este proceso.

Norman Robson para Gualeguay21

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