23 julio, 2024 9:01 pm
Rectángulo Image

Cuando la historia advierte sobre el fratricidio


El 16 de junio de 1955 es una fecha que en las páginas de la convulsionada historia argentina nos permite aprender de nuestros atroces errores para jamás volver a cometerlos. 

Para eso es también la historia, una narración de los acontecimientos que tiene como uno de sus principales objetivos que evolucionemos como sociedad, en lo moral y en lo ético.
En esa fecha, las calles de la zona aledaña a la Plaza de Mayo se convirtieron en ríos de sangre y fuego. Las bombas y las balas que provenían de aviones argentinos mataron a mansalva a niños, mujeres y hombres también argentinos.
El paulatino desencuentro entre hermanos, el abismo irracional fue fomentando la intolerancia que actuó luego como catalizador del odio asesino, y que desembocó en el peor de los fratricidios, hoy calificado como delito de lesa humanidad.
Peronismo y antiperonismo, dos partes de una misma Argentina dividida irreconciliablemente por las pasiones, marcaban la agenda diaria que aceleraron los tiempos político tormentosos, con rumbo inexorable a la locura de provocar el derramamiento de sangre de hermanos.
De entre todos los acontecimientos violentos de ese día y los que siguieron, sólo he podido rescatar de esa fecha infame una frase del general Juan Domingo Perón: “Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión.”
Sesenta años después de ese negro día, esa frase de Perón la asocio con el abrazo fraternal con Don Ricardo Balbín y con el espíritu de reconciliación que dominó al gobierno de Raúl Alfonsín.
Lamentablemente, un nuevo abismo se abrió entre los argentinos. Los adversarios son vistos como enemigos, y la confrontación de ideas ha perdido el carácter filosófico de enriquecedor de propuestas para pasar a ser frentes de combates verbales que despiertan pasiones en lo oscuro del alma humana.
Por eso, es tiempo de trabajar por el reencuentro de los argentinos, de los entrerrianos y de los gualeyos. Es tiempo de encontrar el diálogo constructivo para lograr, entre todos, el camino que asegure un futuro próspero y de paz a las generaciones venideras.
Don Ricardo Balbín una vez dijo: “La democracia se fortalece en la discrepancia. Las unanimidades son caminos del totalitarismo.”
Encontrémonos entonces para cerrar el desencuentro. Dialoguemos para fortalecer ideas y proyectos. Reparemos con humildad pero con fortaleza los puentes caídos.
Que los incontables muertos de ese día no queden en el olvido. Que esos 50 gurisitos, recién llegados en tren desde Santiago del Estero, asesinados al caer una bomba sobre el trole que los conducía a la Casa Rosada, sean el símbolo que nos enseñe que el odio entre hermanos nos puede poner al borde del fratricidio.
Aprendamos de la historia honrando con el diálogo y la unidad a quienes ese día murieron víctimas de las pasiones irracionales.
Prof. Héctor Jaime

× HOLA!