Son cuatro peofesoras que, curiosas, y preocupadas, por los comentarios sobre el impacto de Soluciones Ambientales en su región, se animaron a salir a buscar respuestas. Por supuesto, una de las campanas es la propia empresa, y no les tembló el pulso al decidir visitarla.
Se contactaron por Facebook, plantearon su inquietud, y lograron una visita. Todo civilizadamente. Así fue que, ayer por la tarde, estas profesoras se llegaron hasta el supuesto foco de tantas calamidades, donde las cuatro fueron gentilmente recibidas por los responsables. Como a la anterior visita, en que fuimos invitados los periodistas, no pude asistir, repitieron la invitación.
Allí, éstos nos explicaron, con lujo de detalles, qué se hacía en la planta, cómo se hacía, y evacuaron todas las inquietudes que les fueron surgiendo durante la charla, la cual viró alternativamente hacia distintos temas, sin que ninguno fuera evadido por los anfitriones.
Una vez terminada la presentación, teórica, llegó la hora de la práctica in-situ, y, con las maestras, fuimos guiados por los distintos circuitos y procesos que tienen lugar en esa planta. Las calderas, el laboratorio, las piletas, los depósitos, las lagunas. Mientras tanto, se nos mostraba cómo trabajaban para mejorar el impacto y cómo eran controlados.
De este modo, las cuatro docentes y yo escuchamos porqué se llama Soluciones Ambientales, y, más que nada, aprendimos algunas cosas sobre residuos peligrosos, su origen, su tratamiento, y la legislación existente que nos proteje de cualquier mal manejo. Afortunadamente, entre las docentes había una profesora de química y otra de biología, quienes oficiaron de “traductoras” en algunas explicaciones cuyo nivel técnico nos superaba.
Seguramente, no faltará quien afirme que fueron vilmente engañadas. Yo no me atrevo a tanto irrespeto. Solo puedo asegurar que, cuando se fueron, las docentes se fueron con todas las respuestas que necesitaban. No hubo “porquesís”, no hubo caprichos. Solo hubo respuestas con información, ahora les toca a ellas seguir averiguando, escuchar otras campanas, y tomar una posición. La que adopten, sea la que sea, será respetable, pues cumplieron su deber de informarse para saber.
Como les dije a ellas, ojalá pudiera encontrar cuatro maestras en Gualeguay lo suficientemente valientes para investigar una situación y para visitar Soluciones Ambientales, y que tampoco teman a que se sepa que la visitaron. Eso nos enriquecería con saberes y nos pacificaría, ya que transmitirían a sus alumnos su experiencia, sea ésta cual sea. Dicen que el saber termina con la violencia y la ignorancia, y yo creo que es cierto.
Norman Robson para Gualeguay21


















