No es un acto menor, ni mucho menos, el decretar, poco tiempo antes de dejar su gestión, la entrega del Sara Salas en comodato a la UADER por la friolera de 50 años.
Tampoco lo es haberlo mantenido a escondidas del pueblo y que se sepa recién hoy, al año siguiente, con otro gobernante en ejercicio.
Si bien las sicopatías del pasado intendente sorprendieron por su inescrupulosidad y encono contra quienes a él se les antojaba como enemigos, la sesión en comodato de un patrimonio de la ciudad, arbitraria y compulsivamente por tanto tiempo, es, definitivamente, una confirmación de su enfermizo perfil sicológico.
Condenar al exilio casi perpetuo a dos prestigiosas instituciones formativas de nuestra ciudad, nutrientes de docentes para todas nuestras escuelas, solo porque se resistieron a su abuso y atropello, realmente es preocupante y despierta inquietudes.
¿Podrá reverse esto? ¿Podrá anularse? Y si así se logra… ¿Podrá la ciudad llevar nuevamente a la Justicia al ex intendente por abuso de autoridad e incumplimiento de deberes? ¿Podrían los alumnos afectados querellar civilmente al ex intendente por daños y perjuicios ocasionados en la afectación de su formación académica?
Estupideces que a uno se le ocurren. Estupideces que en un efectivo Estado de Derecho no son tales.
Norman Robson para Gualeguay21

2 septiembre, 2026 12:55 am/
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