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Desastre ambiental en nuestro basural

La creciente actual, al invadir nuestro basural, arrastró cientos de toneladas de residuos urbanos de todo tipo ocasionando un verdadero desastre ambiental.

Para cuantificar este impacto, si bien no se tiene información actual, en algún momento, los camiones basureros recogían de la ciudad y volcaban en nuestro basural a cielo abierto entre 10 y 15 viajes diarios, lo que redunda en unas 50/75 toneladas diarias, a las que se suman los desperdicios que tiran los propios particulares directamente.

De este cálculo se desprende que estamos hablando de que Gualeguay urbano, con casi 50 mil habitantes, produce un volumen mensual del orden de las mil toneladas mensuales que se dispone finalmente en nuestro basural a cielo abierto.

Suponiendo que de este volumen, luego de pasar por los recicladores y de someterse a la quema, quedara el cincuenta por ciento, estaríamos hablando de que unas 500 toneladas mensuales de residuos se amontonan para someterse a la lenta degradación natural.

De este modo, al cabo de los meses, al no existir un política responsable de tratamiento integral de residuos sólidos urbanos, miles de toneladas de basura se van acumulando y se van desparramando a lo largo y a lo ancho de ese vasto sector de la ciudad a la espera de su degradación.

Cabe destacar que esta desordenada disposición final de residuos que se practica localmente, por sí sola, sin la acción de la creciente, atenta gravemente contra el medioambiente, pues contamina el aire con la quema indiscriminada y las napas con las filtraciones, a la vez que el sector de volcado no contempla ninguna medida de seguridad ambiental que lo proteja de las aguas de una creciente.

De este modo, la invasión de aguas del río Gualeguay sufrida las semanas pasadas arrasó con hectáreas y toneladas de basura orgánica, inorgánica, patológica y de cualquier otro tipo, fresca o en descomposición, y se la llevó aguas abajo, a las costas o al lecho del río, con un inmenso impacto negativo en el hábitat natural.

A esto se lo llama desastre ambiental.

Si bien el daño ambiental es ya irreversible, vecinos de la zona sur, muchos de ellos recicladores, advirtieron que esto “era sabido por todos”, pues siempre pasa, y bregaron porque funcionarios y ambientalistas “atiendan seriamente el tema del basural, en lo estrictamente ambiental, en lo social y en lo económico”.

Del mismo modo, se manifestaron “sorprendidos” de que mientras reclamaban por una inexistente “catástrofe ambiental en Carbó”, los políticos y los ecologistas no sabían lo que pasaba “en el fondo de su ciudad”.

Norman Robson para Gualeguay21

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