¡Cuánta belleza hay en el mundo!
Mi vida, tu vida y la de tus amigos, la vida de todos es un regalo de Dios. También la vida del Planeta es parte de su proyecto de amor por toda la humanidad. El mundo es una casa para la única familia humana.
Y la estamos maltratando y sobreexplotando. El cambio climático, el exceso de basura y la falta de su tratamiento, la contaminación de mares y ríos, la tala de bosques, la desertificación de suelos nos muestran que el Planeta y la humanidad estamos ante riesgos muy serios. A esto sumamos el desperdicio de comida, el abuso de energías no renovables, la costumbre consumista del “uso y tiro” que están llevando al agotamiento de los preciosos recursos de nuestro Planeta.
El Papa Francisco dedicó hace poco una Encíclica “sobre el cuidado de la casa común” y desde ahí nos llama a un cambio personal: “Recordemos el modelo de san Francisco de Asís, para proponer una sana relación con lo creado como una dimensión de la conversión íntegra de la persona. Esto implica también reconocer los propios errores, pecados, vicios o negligencias, y arrepentirse de corazón, cambiar desde adentro”. (LS 218)
Pero hace falta también un cambio del conjunto: “A problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales: «Las exigencias de esta tarea van a ser tan enormes, que no hay forma de satisfacerlas con las posibilidades de la iniciativa individual y de la unión de particulares formados en el individualismo. Se requerirán una reunión de fuerzas y una unidad de realización». La conversión ecológica que se requiere para crear un dinamismo de cambio duradero es también una conversión comunitaria”. (LS 219)
¿Te das cuenta? La dimensión comunitaria nos convoca, nos engloba, nos hermana.
El modo en que tratamos al planeta refleja cómo nos queremos o despreciamos a nosotros mismos. No es raro que los mayores abusos contra la creación, la hermana agua, la madre tierra, se produzcan en momentos en los cuales se valora poco la vida humana.
Pienso hoy especialmente en los jóvenes. En los estudiantes que mañana celebran su día, en los trabajadores, en las familias que recién se forman y sus hijos; también en tus nietos y las generaciones por venir. La juventud no es una barrera para proyectar el futuro. Al contrario: la juventud es creatividad, iniciativa, fuerza, imaginación. Quienes habiten el mundo dentro de 10, 20, 50 o más de 200 años, deben tener los mismos derechos que nosotros al agua potable, la tierra fértil, el aire respirable. Quiero tener presente también a los desocupados, los que ven pasar la vida sentados en la vereda; los que la pelean para dejar la droga o el sinsentido; a los que los abrazan y sanan heridas desde la ternura y el compromiso.
Cuidá el Planeta. Cuidá tu vida. Cuidá a los más frágiles. El Dios de la Vida nos colme de bendiciones.
¡Feliz día de la Primavera!
Tengamos una oración especial por este nuevo viaje apostólico que ha comenzado nuestro querido Papa. Tiene desafíos muy importantes por delante: la familia, la paz en el mundo, el cuidado del ambiente, los migrantes, los pobres, el anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

30 abril, 2026 2:14 am/
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