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El barco de la política

Cuando un barco está sin timón, a la deriva según los caprichos de la correntada, o de los antojos del viento, no augura un buen destino, lo cual se agrava cuando los timoneles niegan la realidad y nadie se hace cargo.

El problema surge cuando quienes están designados para dirigir el barco detrás de una bitácora específica, ante su incapacidad, caen en la improvisación, comienzan a cometer errores, y luego, para mitigarlos, deben soltar el timón.

De este modo, el barco se les va de las manos y, difícilmente, pueda llegar al destino pretendido.

Cualquier parecido con la realidad política de Gualeguay es pura casualidad, pero…

Casi un año y medio transcurrieron desde diciembre de 2015 y se han desnudado graves miserias que afectan sensiblemente a nuestra sociedad, pero, lo más grave no ha sido eso, sino la necia soberbia con que se han plantado frente a las mismas.

A lo largo de la gestión, el barco comunal nunca ha sabido establecer un rumbo cierto, mucho menos perseguirlo, sino que se ha concentrado en fotos efímeras, discursos híbridos y estériles, y, antes los desaciertos, ha recurrido a la mentira y el encubrimiento.

A la deficiencia en los servicios públicos, al desorden general de la ciudad, y a la creciente presión impositiva, se suman la costumbre de sostener funcionarios en su incompetencia, el ocultamiento de casos de corrupción, pasados y nuevos, y la falta de respuestas a problemas coyunturales históricos y urgentes.

Todos y cada uno excusados siempre en la vieja gestión.

Desafortunadamente, hoy se sumó a todo esto lo desnudado por el caso Micaela. No solo la ausencia de cámaras de vigilancia y la ausencia municipal durante esa semana, sino la patética conferencia para tratar de justificar lo injustificable y excusarse de lo inexcusable.

Mientras la situación impone el mea culpa y el hacerse cargo en todos los niveles, acá la gestión insistió en la arrogante soberbia de una falsa infalibilidad, y nos expuso vergonzosamente ante el país.

Por último, ante la oportunidad de un megaproyecto industrial en Puerto Ruiz, y lo que esto significa, la Municipalidad llamó a una audiencia pública “sobre la hora” obligando a los ciudadanos que quieran saber de qué se trata a pagarle la información a un privado 900 pesos.

Este hecho, rayano con la corrupción, fue el recurso que eligió la gestión para evitar informar efectivamente a la comunidad, cuando lo que debería haber hecho es difundir la información. Con tiempo suficiente, a través de los medios locales.

Lamentablemente, el barco sigue a la deriva y no aparece la grandeza de los timoneles de dar un paso al costado o ubicarse a la altura de las circunstancias, poniendo en riesgo a toda la comunidad.

Norman Robson para Gualeguay21

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