El basural de hoy

Aquellos que lo conocen íntimamente han descubierto con tristeza que lo poco mejorado en ese sector rápidamente ha desaparecido, retrocediendo al estado caótico de años atrás.

Hoy, en el basural han vuelto a abundar las bolsitas de polietileno desparramadas por doquier, la quema nuevamente es constante y se ha reducido la cantidad de cartoneros trabajando en el lugar.

Si bien la falta de políticas serias en este sentido a lo largo de nuestra historia inmediata lo habían condenado al abandono, la sociedad, por si sola, fue instrumentando un esquema que lo dotaba de cierta sustentabilidad social, económica y ambiental.

Tal es así que la población cartonera se distribuyó la recolección y clasificación de residuos y su comercialización a recicladores locales, gracias a esto los recicladores ampliaron su actividad y sus procesos, y, de esta forma, una importante masa de residuos comenzó a reciclarse generando un valioso impacto ambiental positivo.

Este esquema fue incorporando nuevos cartoneros seducidos por el beneficio económico de la recolección, la actividad creció, y las quemas se redujeron sensiblemente y se limitaron a la quema solo de aquello que no podía redestinarse.

De este modo, el galpón municipal fue puesto en manos de un particular que incorporó personal e instaló diversas líneas de reciclado y acondicionamiento de residuos.

Pero a fines del año pasado algo pasó y el escenario, rápidamente, volvió a ser aquel donde millones de bolsitas volaban de un lado al otro según los caprichos del viento, las quemas eran constantes a lo largo y a lo ancho de ese sector, y apenas algunos cartoneros se peleaban por lo poco que hubiera de valor.

¿Qué pasó?

Si bien es cierto que cayeron los valores de los residuos, también es cierto que el Estado no supo cuidar lo que tenía ni supo articular acciones que sostuvieran tan importante actividad para el cuidado del medio ambiente.

Tal es así que no se instrumentó ningún mecanismo que sostuviera la actividad del reciclado y, lo que es peor, quien explotaba el galpón municipal y ya había invertido en diferentes líneas de recuperación de residuos, incluso una que reciclaba las bolsas de polietileno, fue obligado a dejar el lugar.

De este modo, el negocio del basural se fue desintegrando y perdiendo el atractivo que tenía antes, hasta llegar hoy al punto de que la basura volvió a acumularse, las bolsitas volvieron a volar, las quemas se multiplicaron, muchos cartoneros se volvieron para sus casas, el galpón municipal está vacío, y el caos ambiental volvió a ser el de antes.

Este es la realidad actual de nuestro basural y la realidad de su origen, mientras que el Estado reclama por la contaminación industrial y mira para otro lado su propia desidia.

Norman Robson para Gualeguay21

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