23 julio, 2024 8:39 pm
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El fantasma de la ilusión

Al cabo de décadas de deseo insatisfecho, la frustración de nuestros porteños cala hondo en su ánimo y cualquier nueva oportunidad solo alienta nuevos fantasmas.

Hoy, en Puerto Ruiz, el acceso asfaltado no es una promesa, es un proyecto que, aunque esté en curso, proyecta en la comunidad el fantasma de una nueva frustración, y el corazón de ese pueblo ya no tiene resto para más estafas a su inocencia.

Seguramente por eso encogen los hombros al escuchar los anuncios. Tal vez por eso solo sonríen mientras se les ahogan las palabras. Es el miedo a otro engaño, a otra trampa política, a otra estafa.

Otros prefieren descreer rotundamente de los anuncios y optan por condenarlo como más de lo mismo, más de lo que ya sufrieron. ¿Quién puede culparlos si las mentiras han hecho callos en su capacidad de solar?

Años de abrirles las puertas a los políticos todos embanderadas una y otra vez con la misma promesa, mientras que, pasadas las elecciones, seguía el olvido, la exclusión, la maldita condena al aislamiento.

Aunque hoy se estén confeccionado los pliegos para la licitación, ellos temen. Ellos sufren la angustia del temor a la ilusión. Por eso se recluyen y prefieren evitar el tema, eludirlo, aunque, en su intimidad, probablemente, alguna lágrima de emoción sea testigo de una nueva ilusión.

Lo cierto es que, más allá del significado básico de un acceso digno a ese barrio gualeyo, el asfaltado de ese camino marcará un antes y un después en la vida de nuestros porteños.

No solo volverán a ser gualeyos, a ser parte de lo que siempre les perteneció, sino que se pondrán en valor sus propias vidas, sus actividades, sus quehaceres, sus lugares, sus espíritus.

En buena hora, de solo imaginarlo uno sufre como ellos el fantasma de la desilución.

Norman Robson para Gualeguay21

 

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