El fardo de la inseguridad

“Velar por el orden y la seguridad” dicen que es el objetivo primordial de la Policía, pero hoy impera un caos que cada vez es más difícil de disimular.
El escenario de hoy, muy lejos del recreado por el anterior Jefe Mendoza, menos de dos años atrás, muestra signos inequívocos de inseguridad y desorden críticos.
Algunos de estos signos son los siguientes:
-Una alta frecuencia de delitos, que aunque no se informen oficialmente, igual se conocen vía redes sociales o por el boca a boca.
-Un elevado índice de delincuencia juvenil, que surge no solo de los partes de prensa, sino que se evidencia cada vez más en las calles.
-Una alarmante frecuencia de casos donde los delincuentes detenidos entran por una puerta y salen por la otra.
-Un evidente divorcio entre la fuerza y la Justicia, donde se echan la culpa la una a la otra.
-Una indiscutible ausencia de efectivos en la calle.
-Una alevosa liberación de sectores en manos de la delincuencia organizada.
-Un veloz y escalofriante crecimiento de la drogadicción infantil nutriendo las filas delictivas.
-Un evidente desorden interno de la fuerza que ya trasciende sus paredes y llega a oídos de la comunidad.
-Una seria frecuencia de casos de abuso de autoridad y violencia policial, algunos en la Justicia pero sin prosperar.
-Un cada vez mayor irrespeto por la ley en todos los estratos de la comunidad a raíz de la ineficacia del Estado en todas sus facetas.
-Un creciente desorden urbano, desmadrado, descontrolado, evidenciado en toda la convivencia social de la ciudad.
-Una fuerza policial más preocupada por el negocio de las recaudaciones y los adicionales que por velar por el orden y la seguridad de los vecinos.
-Una política policial más concentrada en realizar operativos mediáticos, victimizándose, que en proceder en el marco de una efectiva lucha contra el delito.
Todos estos signos de alerta, y tal vez muchos otros, ocurren ante la indiferente mirada de la Policía, de la Justicia y del Gobierno, cada uno esgrimiendo un importante sinnúmero de excusas para no actuar y dejar que todo siga como sigue.
Este es el legado del Jefe saliente, este es el fardo que recibe el flamante Jefe Departamental, y todo lleva a preguntarse si primará la continuidad del caos o se impondrá un capítulo de cambio para mejor.
El tiempo, que es muy poquito, será quien dirá.
Norman Robson para Gualeguay21

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