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El papel o la vida


Como en otros tantos casos, el discurso político sucumbe víctima de la burocracia. Al igual que en la ley de medios, en la diversidad, o en el trabajo infantil, en la adopción la realidad derrumba el relato.

Más que garantizar un hogar digno a un niño y luchar contra el tráfico, el sistema de adopciones hoy vigente parece ser incapaz de atender la realidad y, cuando lo hace, lo que menos le importa es el beneficio del niño. Tal es así que, a la hora de los bifes, vale más un papel que la vida del gurí.
Si bien es indiscutible que la ley es clara, de eso no caben dudas, la indolencia y comodidad de los actores encargados de su aplicación atentan indiferentes contra las necesidades y conveniencias del niño o niña.
De este perverso modo, en el escenario real, ese que existe más allá de los papeles y las reglas que los exigen, conviven miles de gurises entregados en custodia o adopción de forma informal o ilegal.
Estas convivencias no suponen un mal para los niños, sino que, en muchos casos, responden al desconocimiento sobre el tema y a temores instalados sobre los procesos de adopción.
Por eso, para salvaguardar la integridad del niño, siempre, antes de proceder, se debe investigar. Investigar para conocer la realidad y así tomar la decisión correcta, sin presuposiciones. Lo mejor para el niño es uno de los objetivos primordiales, y luchar contra el negocio de las adopciones es el otro, pero este no pasa por acá, este pasa por los papeles.
Ahora bien, cuando los actores de la cadena optan por cumplir la ley de la forma más cómoda posible, pasan las cosas que pasan.
Una historia de tantas
Ella es prostituta, adicta y ya tiene 7 gurises. El de seis añitos la acompaña a lo largo de su complicada vida. Los otros fueron entregados en custodia a conocidos que los cuidan como propios. Ella los visita regularmente. Ella los quiere. Todos los quieren.
Una amiga de ella es empleada, vive con su pareja, comerciante, y entre los dos tienen un nene propio de 6 añitos. Desde hace un año, ella cuida, cría, y atiende como propio al gurí de su amiga. Algo así como una madrina y un padrino de verdad.
Esta criatura es fruto de una relación casi estable que tuvo la mamá con un joven de por acá. El nene nació en el hospital local en enero del 2013. La mamá se retiró sin anotarlo. Pero a los tres meses volvió para avanzar con los documentos del bebé. Nunca pudo lograrlo. Por hache o por be, siempre había impedimentos.
Desde noviembre del año pasado el nene vive con la madrina. Sin partida de nacimiento, sin DNI, sin nada. El papá del nene ya vivía en Córdoba. La madrina juntó los papeles que pudo y retomó la gestión. Ella tiene franco solo los jueves. Los resultados fueron los mismos. Cada jueves una frustración.
Funcionarios que no hacen lo que deben, y menos se molestan en hacer algo de lo que no deben, por más que esté la vida de una criatura en juego. Siete abogados desmotivados, tal vez, por causas que demandan mucho trabajo por cero honorarios. La connivencia corporativa siempre presente. Resoluciones rápidas, sin investigar, parecen facilitar que el problema rápidamente deje de ser problema. Por lo menos para el sistema.
Argumentan que la abuela de los niños, la mamá de ella, denunció que la hija vendía los hijos. La abuela lo niega. Igualmente, satisfechos con la sola denuncia, la Justicia, a través de la Fiscalía y del Juzgado de Familia, dispuso extraer compulsivamente el niño y mandarlo a un hogar en Paraná para incorporarlo a la Agenda de Adopciones.
Eso sí, todo dentro de la ley, pero sin el más mínimo interés por la criatura.
La mamá y la madrina reclaman. Nadie les presta atención. Nadie las escucha.
Mientras tanto el niño, ya de dos años y medio, indefenso y vulnerable, está exiliado en un lugar desconocido con gente desconocida lejos de sus afectos: su madre y su madrina.
El sistema se escuda en la ley. Esgrime que hay una causa penal. Asegura que hay venta ilegal de bebés. Agrega un montón de fantásticos argumentos, propios de Hollywood, para cubrir sus actos divorciados de toda consideración por el niño.
El sentido común y la empatía brillan por su ausencia.
La mamá y la madrina no cejan en la lucha. Hablan con los medios, llegan a hablar con la Casa Rosada. C5N, y otros medios observan lo que está pasando. Alguien alerta sobre el escándalo. El fantasma de Fornerón sobrevuela Paraná.
El niño, solo, piensa únicamente en volver al calor de la casa de la madrina, de estar con ella y esperar ansiosos la visita de su mamá.
La magia de algún político, la sola presencia de la prensa, y la creciente amenaza de otro papelón agilizan las manos, humedecen los sellos, y aceitan los mecanismos.
Los gritos histéricos se apagan de a poco ante la prepotencia de la evidencia. La estupidez, nuevamente, quedó desnuda.
El pasado miércoles se destrabó el caso. Ya dispusieron la devolución del niño. Pero quedan muchos. Cinco de los seis hermanos de este niño sufren la indolencia del sistema. Y fuera de este caso lo sufren miles.
Días pasados escuché una presentación sobre las diferentes aristas del sistema de adopciones en la provincia. Excelente. Solo falta que ese sistema llegue eficientemente al territorio, sino, no es más que un nuevo relato fantástico de los tantos que escuchamos a diario.
Norman Robson para Gualeguay21

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