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El periodismo que viene


Como somos varios colegas en el panel, decidí escribir mis pareceres en Larroque para decirlos mejor resumidos, tras el viaje que hicimos esta mañana con Mario y Lautaro Alarcón desde Paraná.

Contaba el historiador oriental Gonzalo Abella la tradición del mate entre los pueblos antiguos de este suelo. De una señora que cebaba el primero y preguntaba dónde está el agua. Es que al primer mate lo toman los espíritus de nuestros antepasados, que han sido invitados a la rueda.
Ahí no podemos macanear, porque estamos compartiendo el aliento con los nuestros. Entonces, hemos creado un ámbito, y un lugar sereno de reflexión, de sinceridad. A través del mate compartimos la savia con la madre tierra, nos reconocemos en la unidad que es la verdad, trascendemos las fronteras geográficas y atravesamos los tiempos.
El mate nos devuelve la armonía, la unidad. Ya no somos individuos, somos comunidad, y comunidad en la biodiversidad, en el monte, en el río.
El mate, entonces, es un símbolo de la mirada integral, serena y sincera. Un símbolo del conocimiento profundo y el arraigo, y además un símbolo de la amistad con el vecino y con el árbol. ¿No es ese el ámbito del periodismo?
Desde allí podemos anticipar el periodismo que viene, con raíces en una tradición milenaria del Abya yala, que es el nombre de América.
Desde otro ángulo, los panzaverdes debemos ir a nuestras propias fuentes para tomarlas de guía. Durante la peor de las guerras recientes, la Guerra al Paraguay, en la que entraron en connivencia la oligarquía porteña, el esclavismo de Brasil y el golpismo de Uruguay, al servicio de Inglaterra, para destruir al Paraguay; allí, en medio de las dificultades de una guerra, el periodismo entrerriano plantó bandera y se sublevó con los sublevados de Basualdo y Toledo que no querían matar hermanos ni morir en los esteros. José Hernández, Olegario Andrade, Evaristo Carriego, Francisquillo Fernández y otros, repudiaron la invasión y se convirtieron en un verdadero obstáculo para el poder colonial. Entonces, desde la metrópolis los descalificaron con el apelativo de paraguayistas y yerbócratas.
Hoy los periodistas podríamos tomar esa descalificación a manera de elogio. Somos los yerbócratas, claro, por el mate y por la unidad del Abya yala.
Desde una perspectiva bien actual, vale preguntarnos dónde estamos parados.
La modernidad nos trae el mundo motorizado por la ganancia. Mundo de la competitividad, el consumismo, el apuro. Y la visión europea, antropocéntrica, con grave menosprecio de la biodiversidad, con el conocimiento distribuido en compartimentos estancos en vez de la mirada integral. Con endiosamiento de la razón por encima de otras formas de acceso, lo que algunos autores llaman epistemicidio. Ellos proponen en cambio la ecología de saberes, el respeto a las distintas maneras de las regiones. Esa modernidad con centro en la propiedad, que llega incluso al disparate de patentar la semilla, es la base del colonialismo y la colonialidad. Y tiene como combustible la propaganda.
Propaganda y publicidad, un modo de promover las ventas, y en las antípodas del mundo sincero y sereno del mate. Pero los periodistas somos sostenidos por la propaganda. ¿Entonces?
Nuestro lugar está por ahora en las grietas, los intersticios. Pero no estamos cómodos.
Frente a esta incomodidad, podemos ir al mundo de los principios imperecederos.
En nuestro continente tenemos una visión de la unidad del hombre y la naturaleza, el concepto de la armonía que en el altiplano llamamos sumak kawsay, la vida comunitaria en el ayllu, o esa actitud de manos abiertas mutuamente que llamamos jopói. Es la vida complementaria, la conjugación del verbo compartir.
Ahora nos preguntamos, ¿dónde nos paramos los periodistas de ayer, de hoy y de mañana?
Si buscamos una mirada integral, un análisis sereno, si vamos por la sinceridad y la veracidad en la exposición de noticias e interpretaciones; si valoramos la ecología de saberes en vez de endiosar una sola vía y menospreciar el resto, entonces podremos desarrollar un trabajo hondo, provechoso.
Si lo hacemos desde el apuro, desde la visión acelerada y consumista, en ese mundo de ganancia y competitividad, peleándonos por primicias y buscando cantidad de televidentes o lectores, arrodillándonos ante la cantidad, ante el dinero, aunque para ello nos regalemos a la farándula y la banalidad y otros entretenimientos encubiertos, bueno: allí no encontraremos ámbito para llegar al ser profundo de las cosas, no habrá serenidad para mirar desde distintos ángulos y libres de prejuicios. Sin arraigo, estaremos expuestos al primer ventarrón.
En resumen: el periodismo que viene no puede ser el de la modernidad sino el de las raíces. No es una cuestión de gustos. O hay periodismo o hay otra cosa. En el mundo capitalista  donde todo tiene precio, la noticia también toma un precio, se convierte en mercancía, y ahí mismo se esfuma la mirada integral y serena, pierde sentido la valentía de los paraguayistas, se desmerece la verdad. Gana el apuro, gana la mediocridad, gana el sistema, gana a veces el bolsillo pero no gana el corazón. En la modernidad gana la propaganda.
Cuando decimos propaganda decimos corporaciones, multinacionales, capital financiero, gobiernos, estados, grupos de interés, es decir, todos aquellos sectores sostenidos por el espíritu de cantidad, de lucro, de poder. Muchos medios masivos de gran alcance construyen sus edificios de este modo: las columnas son propagandas, la mampostería es el periodismo.  De ahí derivan todas las arbitrariedades, la censura, las desviaciones, la selección de noticias desde los escritorios del gerente o el ministro, entre otros males.
Eso está bien lejos de la emancipación. Hablamos de la emancipación del periodismo y de toda la comunidad, que quizá podamos cultivar en una genuina rueda de mate. La reflexión, la conciencia, es más peligrosa que el grito.
Si aceptamos el apuro y el régimen no seremos sino difusores del régimen. En el conocimiento, en la amistad, están nuestras fuentes y nuestras fuerzas.
Queridos amigos de Gualeguay: pensamos que el periodismo que viene debe reunirse en la rueda de mate, con todo lo que eso significa. Entonces podrá honrar a los guías de ayer y de hoy. Entonces nos llamaremos orgullosamente “los yerbócratas”.
Muchas gracias.  Feliz Día del Periodista para todos. 6 de junio de 2015.
Daniel Tirso Fiorotto

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