Del mismo modo, en las PASO, solo 1 de cada 10 gualeyos habían votado por Bogdan, haciéndolo electo dentro del modesto 30 por ciento de Cambiemos.
Pero ayer fueron más de 6 de cada 10 los vecinos que lo votaron en un hecho sin precedentes.
Para comprender como se revirtió esto hay que hacer un poquito de historia.
El lunes 10 de agosto, el día siguiente a aquellas elecciones primarias, Luis Erro, por radio, con la soberbia que siempre lo engalana, explicó que, según lo obtenido, el trayecto a las generales era solo un trámite.
Consultado sobre si acordaría con Matorras, Orgambide o Albornoz, Erro minimizó su importancia diciendo que cada uno representaba solo su voto, y que los votos obtenidos por ellos eran del Frente para la Victoria.
Erro nunca los convocó. Ni siquiera a Rubén Matorras, a quien recurrió luego de la estrepitosa derrota de 2009 y gracias a quien, en 2011, pudo conservar el poder ganando las elecciones junto a Mariela Tassistro.
Lo que Erro no entendió en aquel momento pos-internas fue que solo menos de 3 gualeyos lo acompañaban, mientras que más de 7 de cada 10 electores habían votado explícitamente en su contra, y que convencerlos de lo contrario sería muy difícil, sino imposible.
Tal es así que desde las mismas bases de los barrios, tanto del peronismo perdedor del Frente para la Victoria como del de UNA, el rechazo por Erro seguía latente y la alternativas era, indiscutible, Cambiemos con Bogdan a la cabeza.
Así fue que, tal vez sí a través de sus dirigentes, de forma abierta o disimulada, los militantes barriales del peronismo se pusieron el cambio sobre sus hombres.
Así Bogdan, Morchio, Balbuena, Otaegui y otros llegaron a presentarse ante los hogares humildes del peronismo, allá donde viven condenados a la exclusión por un gobierno seudoperonista.
Así fue que el espíritu de cambio se contagió y Cambiemos, incluso con De Angeli y Macri, dejó de ser el fantasma maléfico que pintaban desde el oficialismo para convertirse en la mejor interpretación del peronismo en la oferta electoral.
De este modo, aquel modesto 10 por ciento de Bogdan y compañía, al que sí se sumó el 20 por ciento derrotado en la interna, recibió el voto peronista del vittulismo, del Movimiento Evita y, por supuesto, del matorrismo. Un 30 por ciento de voto peronista que un iluso y soberbio Luis Erro creyó que era de él o que podía comprarlo como compró a algunos referentes.
De este modo, casi todo un pueblo unido, un crisol de ideologías que no primaron a la hora de la elección, se volcó de forma contundente e inequívoca por una opción sana, limpia, nueva, y, más que nada, diferente a lo que reinó esta última década.
Así fue como el peronismo torció la historia.
Norman Robson para Gualeguay21

30 abril, 2026 2:14 am/
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