De este modo, pretende que la ciudadanía no se dé cuenta de que solo el consumo es el problema motor de la inseguridad, y no el tráfico en sí mismo, y que luchar contra ese tráfico sin atacar el consumo es absolutamente estéril.
Lo cierto es que la inseguridad en el territorio está desatada y descontrolada, pero el factor que la provoca no es el tráfico de drogas, es el consumo, desbocado por la ausencia de políticas sociales en el seno de la sociedad.
Visto de otra manera, si atacamos el tráfico, y si lográsemos reducir la provisión de drogas, solo se potenciaría la violencia propiciada por la abstinencia forzada y el aumento de los precios.
De esta manera, queda claro que la lucha contra el narcotráfico no soluciona el problema de la droga sino que lo potencia y lo agrava sensiblemente.
La inseguridad no se combate con más violencia, menos con ostentosos discursos o presupuestos, sino que se ataca con un intenso trabajo social en el territorio, junto a las familias, apoyado por la aplicación de adecuadas políticas de Estado.
Nuestra sociedad hoy exige urgente una asistencia social que no sea en la tradicional provisión de prebendas, sino en términos de atención profesional e infraestructura que ayude a las familias a liberarse de las adicciones y, de esta manera, del imperio del delito.
Pero esto parece que no es viable o se contrapone a los propios intereses del poder, pues la lucha se instala en otro lado, mientras que los barrios, la juventud y la noche siguen liberados al abuso de los vicios y del delito.
Esta realidad es fácilmente comprobable en Gualeguay, donde dinero y palabras se malgastan en cosmética mientras nuestros gurises y sus familias, tanto del centro como de la periferia, están abandonados a su suerte.
Así lo demuestra, y se puede apreciar fácilmente, la liberación de la noche gualeya a los menores y la inacción ante esto de los actores responsables, tanto policiales como judiciales y sociales.
De esta forma, el eterno relato de la lucha contra el narcotráfico es solo un verso para la gilada, ya que no resuelve en nada el problema y deja que la sociedad siga sumida en el abandono.
Norman Robson para Gualeguay21


















