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Gualeguaychú: el carnaval como factor de desarrollo

Si bien desde tiempos de su fundación, la ciudad de Gualeguaychú demostró un claro compromiso con su desarrollo, en las últimas décadas se convirtió en un ejemplo de pujanza a partir de no muchos argumentos. Entre éstos, su carnaval ha tenido un papel protagónico que aún hoy se puede comprobar.

Se trata del espectáculo a cielo abierto más grande del país, el cual, los sábados de enero y febrero, pone al servicio de la fiesta a más de mil protagonistas, y una docena de carrozas, frente a unos veinte mil espectadores por noche. Es el reconocido Carnaval del País.

En gran parte gracias a este carnaval, la ciudad se desarrolló, en especial, como destino turístico, y, en general, como ejemplo de desarrollo, hasta convertirse en lo que es hoy: Una ciudad de 100 mil almas con todo lo que una ciudad debe tener.

En lo estrictamente turístico, Gualeguaychú tiene hoy, actualmente, una capacidad de alojamiento del orden de las 7 mil camas, más unas 10 mil en campings y lo que alojen casas y departamentos, mientras que su parque gastronómico es de más de medio centenar de locales, con una capacidad de un millar de cubiertos.

Complementan esta estructura dos complejos termales, una docena de playas y campings, una pileta pública, un parque, una reserva, y un corsódromo, totalizando más de 200 hectáreas de infraestructura, y otras tantas en estado natural, al servicio del esparcimiento y el entretenimiento.

Foto: Comparsa Papelitos 1976

Dicho de otra forma, a partir de su carnaval, sabiamente gerenciado por su sociedad civil, invertiendo pasión y compromiso, en tan solo un par de décadas, Gualeguaychú se impuso en el mapa turistico nacional y pasó a liderar el concierto de la oferta provincial.

Un poquito de historia

Don Carlos trajo unas sillas a la sombra para prestarse a la charla. Todo un joven de 86 años a quien no le cuesta recordar el nacimiento del carnaval en su ciudad. Por entonces era sodero, pero siempre fue un hacedor de esos que dejan su marca en la región.

Don Carlos recuerda aquellos tiempos, cuando se vinculó a los primeros pasos de esta fiesta prestando sus tractores con acoplados a las comparsas. Después, por su vínculo con los clubes, participó colaborando de diferentes formas.

A la sombra de unas lilas, en las Termas del Gualeguaychú, el hombre recuerda que se hacía por calle 25 de Mayo, que los clubes llenaban las veredas de sillas, mientras las esquinas, o algún baldío, servía para poner las cantinas. Carnavales de serpentinas y papel picado. Recuerda que por entonces Gualeguaychú era una ciudad corta y baja, y que en la costanera solo estaba el comedor Dacal. 

 

Foto: Movimiento de gente en termas y playas, más los colectivos de las excursiones

Recordó que, gracias a los puentes, ya estaban comunicados por Zarate-Brazo Larg, y que el parque industrial, uno de los primeros del país, ya les abría las puertas al desarrollo. Reconoció que, si bien sospechaban que el carnaval significaría un atractivo importante y sumaría al desarrollo integral, nadie imaginaba lo que representó.

A partir de aquellos tiempos, el carnaval y la ciudad fueron creciendo, con mucho esfuerzo, hasta el nuevo milenio, cuando cuando, aprovechando el boom del turismo, supo colocarse al tope de los destinos de su tipo, dejando a Corrientes, a Gualeguay, y a los demás, boquiabiertos.

De ese modo, aquella ciudad de los años 70s, básicamente agropecuaria, con algo de agroindustria, se convirtió en una plaza agroindustrial premiada internacionalmente y en un destino turístico al tope de las preferencias nacionales. Hoy, Gualeguaychú es una ciudad limpia y ordenada, con una oferta comercial a la altura de la demanda externa. Un dato: nadie tira basura a la calle, ni anda en moto sin casco, ni en auto sin el cinturón de seguridad.

El Carnaval del País 

A lo largo de esta historia, el carnaval nunca dejó de ser de los clubes, ni nunca se cuestionó esa administración, sino que siempre se renovaron los votos en favor del desarrollo de un producto de primera. Desde entonces, y hasta hoy, hacen ese carnaval cinco instituciones deportivas de la ciudad.

Foto: Oferta de souvenirs y tocados para las selfies

Tal es el impacto actual de esta fiesta en la ciudad que, por cada peso que se gasta dentro del corsódromo, unos siete se gastan en la ciudad en alojamiento, gastronomía, esparcimiento, compras, combustible, etcétera.

Ver para creer. Basta llegar a Gualeguaychú un sábado y ver la cantidad de colectivos con excursiones de diferentes puntos del país, y ver la cantidad de gente disfrutando de las playas y las termas. Quienes de esto viven confiesan que ese nivel de trabajo cae al 20 por ciento cuando no hay carnaval. De modo que, cada mes de carnaval, trabajan por cinco, y, entre los dos, por diez.

Pero lo más impactante es llegar al corsódromo. Ver, a su alrededor, desde temprano, desfiles de excursiones marchando detrás de su guía, hileras de kioscos con souvenirs atestados de ávidos turistas, comedores y bares con gente parada aguardando lugar.

Algunos números. En la periferia del corsódromo hay más de una docena de bares, pizzerias y comidas rápidas. Unos 50 kioscos con souvenirs del carnaval como vasos, remeras, tocados, imanes, etcétera. Una docena de puestos con tocados y espaldares que se “alquilan” para la selfie.

Foto: Gente dentro y fuera del corsódromo

Dicho de otra forma, un negocio para todos los que quieran trabajar. Tan es así que, en su afán de compartir la oportunidad que genera el carnaval, el espectáculo no se extiende más allá de las dos de la mañana, dejándole espacio a las demás propuestas de la ciudad.

De este modo, entre la oferta de la ciudad y los alrededores del corsodromo se descomponen los siete pesos que genera cada peso que recibe la organización por las entradas, las ubicaciones, la publicidad, y las diez cantinas dentro del predio.

¿A dónde va el dinero que le queda a la organización, a los clubes? Estas instituciones, desde los comienzos, vuelcan las ganacias en la sociedad, sea patrocinando sus prácticas deportivas o invirtiendo en educación, siempre con hechos concretos. Tal es esta devolución a la comunidad que cuatro de las cinco instituciones que integran la administración tiene una escuela de nivel inicial y medio.

Hoy, el boom del turismo se acabó y la coyuntura social y económica ya hace rato que detuvo el crecimiento turístico, pero el Carnaval del País ha sabido consolidarse como propuesta, y Gualeguaychú ha sabido consolidarse como destino, diversificando su oferta,  protegiéndose todos del impacto negativo de la crisis. Basta de prueba su reacción a la crisis sufrida en 2016.

Foto: El Intendente Piaggio dirigiendo la batucada de Papelitos

Hoy, gracias a una fidelización de años, Gualeguaychú recibe ya una segunda generación de turistas. Quienes comenzaron a vacacionar de chicos con sus padres seducidos por el carnaval y las playas, hoy vacacionan con sus propios hijos alternando los atractivos. De éstas visitas, la mitad va al corsódromo y la otra mitad prefiere alguna de las otras ofertas.

El Carnaval del País, seguramente, puede tener muchas cosas perfectible por las cuales puede ser criticado, pero no empañan su carácter ejemplar de modelo de gestión y filosofía de negocio, ni empañan los aciertos de la sociedad gualeguaychuense en invertir en el mismo su pasión, su compromiso y su esfuerzo.

Cómo será la cosa que el Intendente actual de la ciudad, Martín Piaggio, cada sábado, se desprende de su investidura para bajar al circuito a dirigir la batucada de la comparsa Papelitos.

Norman Robson para Gualeguay21

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