Hay un primer nivel en la evolución espiritual, que es tolerar la diferencia; entonces, nos organizamos en sociedades y en Estados y, si no “aguantás” al otro, lo tolerás y no lo matás por ser diferente.
El segundo estadio es la aceptación del otro como alguien que no sólo merece vivir, sino que me aporta algo y no quiero subordinar, reclutar, cambiar. El siguiente estadio, al que nos avecinamos, es celebrar la diferencia. Ya no te tolero ni te acepto; me alegro y festejo porque tu existencia tiene un aporte único e irrepetible para mó. Asó se empieza a entender que unidad no es homogeneidad y que no soy yo la totalidad. Esto es la unidad en la diversidad y asó se ve lo necesario de lo diverso para restituir una unidad en la que cada parte es importante.
En este momento, en la Argentina, hay experiencias muy auspiciosas, como las del diálogo interreligioso o las cooperativas de trabajo, iniciativas autogestivas, solidarias. Nuestra sociedad está basada en los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Yo apelo a la fraternidad porque supongo que, si hay fraternidad, podremos lograr libertad y equidad.
En amistad y bendición.
Rabino Sergio Bergman

30 abril, 2026 2:14 am/
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