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La gran lección

Tengo un cachorro que se llama Murdock, el cual se encuentra en período de adiestramiento. Como todo cachorro, agarra cosas que no debe, y yo, como adiestrador, y con rigor, lo alecciono a que no lo haga. Como parece que no entiende, cada vez las lecciones son más rigurosas, al punto que hay veces que temo por él. Creo que, hoy, la pandemia es solo otra lección de la natualeza al mundo, algo más rigurosa ante tanta necia estupidez.

Desde el inicio de la historia de la humanidad, el ser humano ha vivido en comunión con la naturaleza, y así fue hasta que los avances de la ciencia le permitieron creerse todopoderoso. Fue entonces que, en su afán egoísta de tener una vida más cómoda y larga, el humano puso la ciencia a su servicio, sin medir las consecuencias que eso tendría en la naturaleza.

Así, por un lado, el humano abusó y consumió los recursos naturales para convertirlos en bienestar, contaminando la naturaleza con todo tipo de residuos, a la vez que, por otro lado, recurrió a clonaciones y síntesis químicas y biológicas de la naturaleza para crear más vida, cuando no más muerte. Como si fuera poco, la superpoblación potenció la demanda y, así, el abuso.

De ese modo, la polusión y la contaminación, con las consecuentes alteraciones climáticas y genéticas, se hicieron una constante en el último siglo y pico, generando todo tipo de desequilibrios, los cuales se manifestaron en forma de fenómenos, como terremotos, la vaca loca, incendios, el sida, terremotos, sequías, nuevas enfermedades, inundaciones, etcétera.

Éstas manifestaciones naturales fueron siempre verdaderas lecciones de la naturaleza al ser humano sobre su conducta abusiva e irresponsable. Pero el humano hizo oídos sordos a esas advertencias, así como Murdock desoye las mías, y, en consecuencia, tanto uno como otro sufren las consecuencias.

El agujero de ozono, el calentamiento global, alteraciones biológicas, el cambio climático, entre otros cataclismos, son la respuesta de la naturaleza, a modo de lecciones, a las conductas humanas abusando de las combustiones fósiles y nucleares, de experimentos bioquímicos, de desforestaciones, de disposición de residuos sólidos, líquidos y gaseosos, de procreación, entre tantos.

Así como a Murdock le cuesta entender mis lecciones, y persiste en sus caprichosas conductas, el ser humano hace lo mismo, haciéndonos temer por su supervivencia, la nuestra.

Norman Robson para Gualeguay21

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