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La Misa Crismal 2016

¡Qué grande el don de la fe! Por medio de ella experimentamos la cercanía de la misericordia de nuestro Padre Bueno y “Perdonador”.

El Espíritu se derrama como unción en Jesús, como óleo de la alegría unida a una misión. En Jesús vocación, misión, unción, alegría se dan de modo simultáneo. En Él no existe escisión funcional, repartija de horas. Él está 100 % al servicio del Reino.

Misión y vida son una misma realidad. El Padre le envió a sanar los corazones afligidos y allá fue (o, mejor dicho, acá vino). Jesús nos consuela ante las heridas del pecado que nos hace rechazar a Dios, justamente al que “nos atrae con lazos de amor” (Os 11, 4). El pecado que es ofensa al prójimo y asesinato. Por eso la pregunta de Dios “Caín: ¿dónde está tu hermano?” (Gn 4, 9). Pecado que se expresa en la difamación, la calumnia, la mentira, la injusticia, la avaricia, el ninguneo, el egoísmo, el “me ne frega” o el me importa un rábano. Negar a Dios y a los que Él ama tiene múltiples expresiones, desde las más eruditas a las más populares.

“Un año de Gracia” es este Año Jubilar de la Misericordia en el cual podemos hacer experiencia de la cercanía de Dios.

El Evangelio de San Lucas (capítulo 15) nos relata tres parábolas de la Misericordia: La oveja perdida y encontrada, la moneda también perdida y encontrada, y el Padre misericordioso y sus dos hijos.

En la primera Jesús nos enseña acerca del amor y dedicación del pastor que “busca hasta encontrarla” a la oveja que se había apartado del rebaño. La búsqueda es infatigable, hasta tozuda podríamos decir.

En la segunda, la mujer que perdió una moneda de escaso valor mueve los muebles, barre, y también busca sin descanso hasta encontrarla.

En estas parábolas se nos muestra que hay dos maneras de extraviarse: una dejando el rebaño, y la otra perderse estando en casa. Lucas recoge estas enseñanzas del Maestro para que veamosque también podemos “perdernos” sin “alejarnos”, como los escribas y fariseos, y como nosotros. El amor de Dios busca a todos.

Y la tercera parábola nos trae de modo bello y conmovedor la entrañable misericordia del Padre que se derrama tanto en el que se fue lejos pero guardando memoria, como en el que se quedó en la estancia pero con el corazón cerrado a la misericordia.

En el fondo podríamos decir que no todos los que están lejos están afuera, ni todos los que están adentro están cerca. Las categorías geográficas no siempre se aplican bien a las afectivas. Ladrones, prostitutas, leprosos, paganos, estaban más cerca del Reino que los líderes religiosos hipócritas de aquel tiempo.

Nosotros, todos, estamos necesitados de misericordia. Somos pecadores tratados con misericordia por Dios. A veces nos vamos lejos, “a los caños”, y otras nos quedamos “prolijamente” en casa, pero soportando hastiados un amor que no entendemos, y al cual no nos abrimos ni comunicamos a los hermanos.

La Misericordia no es una abstracción. No permanece escondida como el colesterol. Enseguida se nota. Se ve, se huele, se palpa. La gente se da cuenta. No hay disfraz de misericordioso, ni apariencias que engañan. Francisco nos alerta para no caer en “La tentación del buenismo destructivo, que en nombre de una misericordia engañadora venda las heridas sin antes curarlas y medicarlas; que trata los síntomas y no las causas y las raíces. Es la tentación de los «buenistas», de los temerosos y también de los así llamados «progresistas y liberales»” (Del Discurso del Santo Padre Francisco en la clausura de la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Aula del Sínodo, Sábado 18 de octubre de 2014)

Cada uno de nosotros está llamado ser testigo de la misericordia de Dios. Les cuento una breve historia de un niño para el cual los pobres siempre tuvieron un lugar importante en su vida: “No contaba 8 años, cuando una tarde llamó a la puerta de su casa un anciano cuando llovía torrencialmente, y él pidió a su madre se le diera posada esa noche y ropa para que mudase, y él mismo quiso servirle la cena, y a la mañana siguiente lo llevó a la peluquería y lo colmó de provisiones –diríamos hoy, era un linyera porque iba de camino a otro lugar-”. Este niño llamado Jorge Ramón, años después sería nuestro primer obispo diocesano, monseñor Chalup (testimonio de su hermana Melchora Chalup). Este carisma se traducirá en obras concretas cuando ejerció su ministerio episcopal entre nosotros. El próximo 11 de Julio se cumplirán 50 años de su fallecimiento.

Por eso enseñaba acerca de Cáritas siendo nuestro pastor en 1965: “Caritas ama al prójimo por amor de Dios; por eso no hace simple filantropía. Caritas ama al prójimo por amor a Dios; por eso promueve una vida mejor. Caritas ama al prójimo por amor de Dios; por eso está al servicio del hermano que sufre, para alentarlo y ofrecerle no sólo el pan de la amistad que hermana a los hombres entre sí”.

Como vemos, la misericordia no es sólo gesto individual. La Iglesia, las Parroquias, comunidades deben ser “oasis de misericordia”(MV 12) en el desierto del mundo materialista, indiferente e indolente.

Hay gestos comunitarios de misericordia. Una misión, un servicio barrial solidario, una colecta diocesana o nacional para un fin específico… “La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo” (MV 10). Por eso sabemos que “la comunidad evangelizadora se inclina, achica distancias y toca la carne sufriente de Cristo en el pueblo.” (Cf. EG 24)

Nos hemos puesto de acuerdo para realizar este año un gesto de cercanía hacia nuestros hermanos que están peleando para salir de la droga. Como saben, es un camino arduo, no exento de graves dificultades. Queremos que la misericordia haga un recorrido breve, de unos 30 centímetros desde el cerebro al corazón, y desde allí baje 45 centímetros más hasta el bolsillo. Si el viaje se interrumpe en algún lugar no hay gesto, ni compromiso, ni credibilidad.

No estamos solos ni abriendo caminos nuevos. Tenemos una multitud de ejemplos en los Santos. Pensemos en Mamá Antula -que será beatificada a fines de agosto-, en el Beato Brochero –por ser canonizado en octubre-… Y en nuestra Madre, la Virgen. “Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes.” (EG 288)

¿Quién no quiere un mundo más fraterno? ¿Quién no quiere un mundo en paz? ¿A quién no le importa la Justicia? Emprendamos entonces el camino de la misericordia.

Francisco nos llama a confiar en lo revolucionario de la ternura. Hace unos años, el Arzobispo Bergoglio afirmaba “Nuestra fe es revolucionaria”, (Mensaje a las comunidades educativas, Mons. Jorge Bergoglio, abril de 1999) y es así si nos abrimos al Espíritu Santo que nos sigue enviando a anunciar buenas noticias a los pobres.

Hoy al entrar a la Catedral hemos atravesado la Puerta de la Misericordia.Compartir la cena del Señor es estar dispuestos a la ternura hasta la Cruz.

El 11 de marzo pasado cumplí 10 años de estar pastoreando entre ustedes. Doy gracias a Dios por esta alegría y les pido me ayuden con el cariño y la oración para que el Espíritu Santo me inspire los gestos y las palabras oportunas. Que nuestra diócesis sea misionera y que alentemos en la esperanza a quienes se sienten cansados y agobiados.

Jorge Eduardo Lozano, Obispo de Gualeguaychú

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