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Legisladores eran los de antes

Tan incoherentes somos que nos rasgamos las vestiduras por la corrupción pero queremos legisladores que vuelvan a repartir cheques como caramelos y todos los días. Pongámonos de acuerdo.

Desde el regreso a la democracia hasta hoy, los senadores y, en algunos casos, los diputados, han sido siempre oficialistas, y, como tales, han sido protagonistas centrales de la patria contratista y del tráfico de cargos, algo que sedujo a las masas por años y por años supieron convertir mágicamente en votos.

Eso si, ni senadores, ni diputados, se destacaron por la elaboración de proyectos de ley, tarea propia de los legisladores para la cual los elegimos con nuestro voto. Claro, tantas décadas de circo hicieron que olvidáramos el verdadero rol del legislador: Legislar.

Ahora bien, todo esto no significa que el legislador no deba acompañar a los Ejecutivos departamentales en su gestión, ni lo exime de preocuparse y ocuparse de los temas que atañen a su pueblo. Definitivamente, el legislador debe estar siempre presente en toda el quehacer político del territorio que lo eligió, solo que los ciudadanos debemos tener claro cuales son sus obligaciones y responsabilidades, y cuales sus poderes y limitaciones.

Hoy en día, Gualeguay tiene dos legisladores, un senador y una diputada, y ambos son opositores al partido gobernante en la Provincia. En el caso del Senador, coincide con el Gobierno Nacional, pero la diputada, ni siquiera eso.

O sea, a diferencia de los últimos 32 años, hoy nuestros legisladores son opositores y, por lo tanto, están virtualmente pintados. Y el Gobierno no duda en hacérselos saber y sentir. Ellos nunca serán legisladores como los de antes. Ni quieren serlo.

Por lo tanto, hoy, a nuestros legisladores les toca reinventarse, y hacerlo en un escenario más que adverso, dramáticamente conplejo, pues, ante el abandono político imperante en diversos ámbitos, el Gobierno provincial los ignora alevosamente y les interpone una gestión política paralela con los personajes derrotados electoralmente.

Este es el escenario hoy. Imperdonable pero real. Tan real que ya ni siquiera sorprende. Así que no son muchos los caminos a seguir para los legisladores: legislar y hacer la plancha, o legislar y cerrar filas con el gobierno local y las instituciones intermedias para imponer, juntos, el orden establecido y el respeto estricto de la ley, por las buenas o, si fuera necesario, por las malas.

O sea, es deber de nuestros legisladores imponer nuestros derechos y defendernos de cualquier atropello. Si así no lo hicieren estarían incumpliendo sus deberes morales para con el pueblo que los eligió.

Norman Robson para Gualeguay21

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