Llegó la hora de los bifes.
El Hospital se cae día a día, pedazo por pedazo, servicio por servicio. Cada mañana amanece con algo menos, y ese algo menos, no solo es del pueblo, sino que es para el pueblo, cuando está enfermo y lo necesita.
Un pediatra menos, un par de siquiatras menos, menos insumos, menos remedios, menos calidad de vida, sino menos vida, y más muerte.
La indiferencia y la impericia gobiernan. La desidia y la incapacidad administran. Los pacientes sufren en carne propia el desamparo. La salud pública se desangra en su agonía. No hay lucha, solo resignación.
No hay pediatras, hay gurises sin atención, y nada. No hay insumos, ni jeringas ni algodón, ni hablar de una aspirina, y nada. No hay doctores en salud mental, 50 mil habitantes sin acceso a la misma, y nada. Solo abundan pacientes peregrinando en su dolencia, otros son derivados en su desesperación, y nada.
Hoy se acabaron las paciencias y las tolerancias, llegó la hora de los bifes.
De todo esto solo ganan los políticos, y detrás de ellos su miserable cadena de mando. Así como ganan el cáncer, el dengue, la desnutrición, la drogadicción infantil, la miseria, y la misma muerte. Pero solo ganan en la casa del pueblo excluido de la salud.
Los políticos, los dirigentes, los gremialistas, los periodistas y las señoras gordas se rasgan las vestiduras y lloran lágrimas de cocodrilo en sus elocuentes discursos frente a las cámaras, pero siempre terminan escudándose en jurisdicciones y jurisprudencias y escondiendo la cabeza en su agujero hasta que se ven consumadas las desgracias y salen a expresar boquiabiertos y apesadumbrados: “esto no debe volver a pasar”. Pero pasa.
Hipócritas. Esto pasa, y vuelve a pasar, por la expresa arrogancia y displicencia imperante. Pero también pasa por la estúpida y necia comodidad facilista de un pueblo permisivo que se deja. Se deja porque le gusta, porque cree, estúpidamente, que le es conveniente.
Hoy se acabaron las hipocresías y los comodismos, llegó la hora de los bifes.
Un pueblo criado y formado en las excusas. Excusas para vivir y hasta para morir. Excusas para ir y para venir, para hacer y para no hacer. “Acá somos así”, dijo un idiota para convalidar la patética mediocridad. Acá somos como queremos ser, y tenemos la prerrogativa de dejar de ser así y ser de otra manera. No hay excusas fundacionales que nos hayan condenado a ser así.
Cuando yo era chico, no había computadoras ni celulares, los autos y las rutas no eran para todos, y, a pesar de esas carencias y limitaciones, nuestra generación inventó las computadoras y los celulares, creó autos mejores y construyó más rutas, e hizo que todo eso estuviera al alcance de todos. Lo hicimos porque quisimos, pues excusas para no hacerlo hubieran sobrado.
Hoy se acabaron las excusas, llegó la hora de los bifes.
A ver dónde están ahora los jetones sindicalistas y militantes, otrora tan prestos a las luchas sociales embanderados en cuanta consigna les resultara redituable. A ver dónde quedaron las pelotas del pueblo que tanto pregonaban la lucha. Que aparezcan ahora a luchar. Que esta vez el pueblo los necesita y es de vida o muerte.
Hoy se acabaron las quejas, los reclamos, los argumentos. Hoy se acabaron los tiempos, llegó la hora de los bifes.
El Hospital San Antonio hoy está abandonado, y con el nuestros enfermos, los inocentes e indefensos enfermos del pueblo. Abuelos, niños, mujeres, trabajadores. No podemos permitir que esto siga así. Maduremos nuestra reacción, pero reaccionemos, antes de que sea tarde.
En este caso no están jugando con nuestros patrimonios, están jugando con nuestras vidas, con las de nuestros hijos, con las de nuestros padres.
La gravísima situación del Hospital San Antonio debería hacernos hervir la sangre. Por lo tanto, si tenemos algo de sangre, despertemos nuestra indignación y furia, enojémonos, e impongamos el Derecho a la Salud de cada vecino de nuestro pueblo.
El Derecho a la Salud es uno de los Derechos Humanos. Uno de los Derechos Humanos de verdad, de los primordiales, el que le sigue al Derecho a la Vida. Nada que ver con los derechos humanos de los políticos y sus ambiciones. Este es un Derecho legítimo, razón por la cual es legítimo luchar por él.
Entonces luchemos por él, llegó la hora de los bifes.
Norman Robson

2 septiembre, 2026 12:55 am/
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