Los violentos de hoy

Hoy en día, la violencia invade hasta nuestra intimidad e impera hasta en nuestras más estúpidas rutinas, sin que atinemos a una mínima defensa y llegando a ocasionar trágicos estragos ante la indiferente mirada del Estado.
Cual incrédulos e inocentes espectadores, hoy, la violencia se nos ha enquistado en la escuela, en el trabajo, en el club, y en cuanto espacio público compartimos, hasta colarse en el seno de nuestra familia, minando nuestros más caros valores.
Nadie parece preguntarse de dónde viene semejante violencia. Cuál es su origen. Sin embargo, no es difícil detectar sus causas.
Esta violencia nació, casi sin darnos cuenta, de la angustiante impotencia y la preocupante indefensión que hace tiempo se apoderó de nuestra vida, la íntima y la pública.
De un rápido análisis de nuestra vida actual, podemos verificar que esta violencia se engendró a partir de la inseguridad que enfrentamos día a día, y mirar hacia nuestros costados sin encontrar quien nos defienda.
A partir del desamparo frente a la indiferencia del sistema, el cual ignora hasta nuestros más básicos derechos, y del abandono a la suerte que nos obliga a improvisar para sobrevivir, muchas veces enfrentándonos entre hermanos.
A partir de la corrupción que nos indigna y nos amputa dignidades, haciendo que la decencia sea sinónimo de estupidez, y de la alevosa burla de quienes se enriquecen sin invertir ni trabajar.
En definitiva, esta violencia se engendró a partir de la ausencia de justicia, ya que quienes tenían el deber de impartirla y garantizarla estaban más preocupados en temas ajenos a sus obligaciones.
Estos últimos son quienes, al olvidar sus deberes y responsabilidades, permitieron en la comunidad la desaparición del estado de derecho y la destrucción de su carácter republicano que liberaron el espacio a la violencia.
Estos son los verdaderos violentos de hoy, quienes por desidiosa displicencia engendraron esta violencia, y no solo le allanaron el camino, sino que hoy, a pesar de sus estragos, insisten en negar su responsabilidad, en negarse a corregir la dolorosa realidad, y en promover una urgente pacificación de la comunidad.
De este modo, hoy, la inseguridad, la ignorancia, las adicciones, las ambiciones, las inmoralidades, etcétera, atizan violencias de todo tipo y color que explotan en el seno de la comunidad bajo la permisiva e indiferente mirada de quienes deberían impedirla: los verdaderos violentos de hoy, quienes, conscientes de lo que ocurre, desde la comodidad de su cargo miran para otro lado con total desprecio por quienes resultan víctimas de esta situación.
Norman Robson para Gualeguay21
