El massismo gualeyo está tan preocupado y ocupado en su protagonismo individual que, con otro color y con otro relato, no deja de ser más de lo mismo y lejos está de representar algún tipo de renovación.
Y esto Doña Rosa lo huele.
Embanderados en la Unión y el Pluralismo, cada uno traiciona su propio discurso aferrándose a sus aspiraciones particulares en el afán de estacionarse, sea como sea, en el poder.
Y esto Doña Rosa también lo huele.
Así lo demuestran las distintas líneas internas: marielismo, balbuenismo, viquismo, y hasta el mismo jodorismo, todos enfocados exclusivamente en su acomodamiento político de cara al 2015, sin el más mínimo interés en construir una alternativa renovadora en serio.
Y esto Doña Rosa lo ve.
Prueba de este nefasto internismo es que entre todos los referentes locales, por ejemplo, despilfarraron hoy el esfuerzo logístico y político de traer a un pueblito como el nuestro pesos pesados del massismo nacional.
Y esto Doña Rosa lo lamenta.
Desafortunadamente, esta realidad desnudaría cierta incapacidad de dirimir las internas en el terreno de una construcción política genuina, en la cual, saben, prevalecerían los más aptos para cada tarea según la voluntad del mismo pueblo.
Y esto Doña Rosa lo sospecha.
Massa seguramente será el próximo presidente, pero, nuevamente, por la mezquina conducta de la clase política vernácula, Gualeguay puede perder la oportunidad de alinearse con el desarrollo.
Y por esto Doña Rosa tiene miedo.
Y yo también tengo miedo. Porque creo que las legítimas aspiraciones de los actores políticos no pueden considerarse por sobre sus verdaderas vocaciones y limitaciones, y estas no deben apreciarse por sobre las necesidades comunes del pueblo.
O sea, primero las necesidades comunes, después las vocaciones con sus limitaciones, y, por último, las aspiraciones personales.
O sea, creo que primero debe estar el proyecto y después los nombres.
También creo que hoy prevalece la necesidad urgente de encarar la construcción política, no con fotos y elocuentes discursos, sino con la prepotencia del trabajo militante, algo que, veo, el pueblo demanda e, incomprensiblemente, todos esquivan.
En definitiva, yo creo que Doña Rosa quiere un futuro mejor, creo que ella puede ver en Massa ese futuro, y, definitivamente, creo que ella no merece que se la prive de ello por alguna mezquindad de un grupo de dirigentes.
Hoy, más que nunca, todos deben estar a la altura de las circunstancias.
Norman Robson para Gualeguay21

6 marzo, 2026 4:00 am/
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