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4 diciembre, 2025 9:20 pm
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Monos, si, estúpidos, no

Me dijeron que el hombre evoluciona desde el mono, su versión más visceral, instintiva. A partir de esa evolución, el hombre llega a construir una convivencia donde puede dirigir su desarrollo en un pleno estado de derecho. Pero…

BLANCO-NEGRO

Acá hay algo que no me cierra. Si bien el mono no sabe de derechos, si sabe de respeto natural, gracias al cual, en sus comunidades, impera cierta justicia. Áspera, básica, rudimentaria, pero justicia al fin. Una justicia que, por momentos, la envidio.

O sea que, en algún momento, de alguna forma, hemos reinvertido el proceso en una degradación que nos llevó, casi sin darnos cuenta, a este estado de perversión y corrupción. Digo esto porque los monos nunca claudicarían sus derechos como nosotros. Sino andá y tratá de quitarles una banana, de pegarles con un palo o de violar alguno de sus básicos códigos.

O sea, no son pocas las veces que creo que involucionamos y estamos peor que los monos.

La tapa dice peculado, y en el interior se explican los detalles del caso. Los fiscales los acusan y los abogados los excusan. Las hipótesis toman por asalto el escenario, y el barro comienza a tapar la cancha, escondiendo la verdad entre las muchas verdades.

Las declaraciones de unos y otros, más los titulares lo más amarillos posibles para seducir a la gilada, vician la opinión pública, degradándola, pervirtiéndola y pervirtiendo sus valores, corrompiéndola y corrompiendo sus conductas: Sentir, pensar, hacer. Así perdimos de vista la ética y la moral, las cuales pasaron a ser de otra época. ¿Hoy quién las cultiva?

La tapa dice Peculado, pero podía decir cualquier cosa. Da igual. No importa lo que haya en el interior. Los protagonistas son políticos. Dime quien eres y así te juzgaré. Ellos son así, acá todo es así, nosotros somos así. Qué estúpidos que somos.

Nosotros, la maldita opinión pública, los legítimos ciudadanos, los verdaderos empoderados del sistema, tan pervertidos y corrompidos estamos que ya pervertimos y corrompemos todo lo que tocamos, tergiversamos la realidad tiñéndola con nuestros vicios y miserias, atentando, así, contra nosotros mismos. Una suerte de lento y paulatino suicidio colectivo.

Tan es así que nos resbalan las verdades verdaderas y adoptamos las mentiras como si las primeras no rigieran nuestro mundo, como si las segundas no nos afectaran. Pedazo de necios estúpidos.

O sea que, al ver el título de peculado no nos damos cuenta que peculado quiere decir que nos afanaron las bananas, que nos dieron con un palo, que violaron nuestros códigos. Ni a monos llegamos.

En Derecho, peculado es la apropiación de caudales públicos, y se refiere al delito de apropiarse indebidamente del dinero perteneciente al Estado por parte de quienes se encargan de su administración y custodia. No es poca cosa.

O sea, peculado es lisa y llanamente afanarse la guita del pueblo. Es llevarse a los bolsillos la guita que falta en salud, en educación, en seguridad, en calles y luces, en viviendas, etcétera, etcétera.

Los monos los masticarían de a pedacitos, y antes dunga dunga varias veces, pero nosotros no, porque somos así, así de pelotudos.

Nos creemos superados porque no nos contaminamos con “eso”, y al ignorar “eso” dejamos que ellos hagan lo que se les canta el traste, total, este rico país proveerá. ¿Hasta cuando la estupidez?

Peculado es robo y los que roban son delincuentes, es así para los monos y para nosotros, es así acá y en la China, y los que roban deben ser castigados, especialmente si, aprovechándose de su poder, le roban a los que menos tienen.

La carpeta dice peculado, hagámonos cargo de que el que peculeó se haga cargo. Y si la Justicia así no lo hiciera, hagamos como los monos: dunga dunga, palo y a la bolsa, a los unos y a los otros.

Norman Robson para LoQueHay