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No es hasta cuando, es cómo

Mientras todos nos preocupamos por saber hasta cuándo se extenderá el aislamiento social, preventivo y obligatorio, perdemos de vista lo esencial de la cuestión. En realidad, no importa tanto el “hasta cuando”, el cual se proyecta hasta terminado el invierno, sino el “cómo” será ese período. Por eso es preciso que pisemos la pelota y, antes de seguir jugando, miremos dónde estamos jugando.

Cuando el 20 de marzo, el Presidente de la Nación impuso este receso social y económico general, con excepciones que garanticen la supervivencia, lo hizo para impedir el contagio entre los individuos. Aquellas medidas se determinaron de acuerdo a lo que era la vida normal de los argentinos, en especial en CABA y las demás grandes ciudades.

Sin lugar a dudas, esto tuvo, y tiene, su resultado positivo en cuanto a la expansión del virus, pero, al cabo de 20 días, el impacto económico de ésto comienza a ser insostenible, e, innecesario en algunos territorios.

En este punto es donde la sociedad civil se sumó al gobierno para evitar que el remedio pueda ser peor que la enfermedad, y comenzar a diseñar nuevos escenarios en los que convivan la seguridad sanitaria y la actividad económica.

En ese sentido, el Ejecutivo nacional ya deslindó el control de precios a los territorios, lo que sería el primer paso de un proceso de concesiones que terminaría con la entrega del ordenamiento del territorio, en este nuevo escenario de convivencia, de acuerdo a las necesidades particulares del caso.

Por ejemplo, La Matanza tiene una realidad de densidad poblacional cercana a la superpoblación, mientras que Gualeguay se encuentra en una situación diametralmente opuesta. Si bien el quehacer social y económico de ambas fue diseñado sin importar el contacto humano, los cambios que demanda este nuevo presente son mucho más fáciles acá que allá.

Prueba de esto es el hacinamiento necesario al que deben someterse los vecinos del partido bonaerense, especialmente en el transporte de pasajeros y en sus espacios de trabajo, mientras que, en nuestra ciudad, el transporte de pasajeros no es esencial y en los espacios de trabajo no impera el hacinaniento.

Ahora bien, la adecuación particular de los territorios en este contexto de fragilidad sanitaria exige, en cada lugar, un gobierno y una sociedad civil a la altura de las circunstancias, ya que deberán ordenar su quehacer social y económico de acuerdo a su propio contexto y con las responsabilidades que esto exige.

En otras palabras, el poder político y la dirigencia intermedia deben hacer a un lado sus mezquindades tradicionales y ponerse los pantalones largos para tomar este buey por las astas. Esa es la flexibilización a la que se refiere el Presidente, y no a la liberación de la realidad. 

Ahora bien, este proceso no puede bajar de la Nación directamente a las comunas, ya que éstas últimas son miles. El nuevo “modelo de vida” debe bajarse respetando el carácter federal de este país: A través de los gobiernos provinciales, quedando aspectos básicos del nuevo orden en manos de la Justicia Federal, tal como lo es el narcotráfico o los secuestros. Entonces, también deberán estar a la altura de las circunstancias los gobiernos provinciales.

O sea, se viene un rediseño del quehacer social y económico de acuerdo a las caracteristicas particulares de cada sociedad, determinado e implementado para cada una, y, donde ésta se equivoque, sufrirá las consecuencias en términos de enfermedad y muerte.

Igualmente, vale agregar que todo este nuevo modelo social y económico estará completo una vez que se puedan establecer las relaciones y comunicaciones inter territoriales, las cuales dependerán, casi exclusivamente, de que se puedan determinar, fehacientemente, quienes están contagiados y quienes no, de modo de que el capital sanitario de cada territorio no pueda ser afectado por ingresos individuales. Es decir, cada territorio será responsable de su soberanía sanitaria.

De acuerdo a todo esto, estaremos todos, y no dentro de mucho, en las exclusivas manos de los gobiernos municipales y provincial, y en los de nuestra sociedad civil, con los desafíos que ésto representa, ya que esta realidad demanda autoridad y mano firme para los primeros, y acompañamiento y compromiso para los segundos.

¿Recursos? No habrá. Ni desde la Nación para las Provincias, ni de las Provincias para las Municipalidades. Quienes se hagan cargo tendrán que aprender a gobernar sin plata y a trabajar por lo común, no por plata. Esos tiempos ya forman parte del pasado.

Norman Robson para Gualeguay21

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