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¿Nos pondremos colorados?


Facundo Manes, más allá de ser un prestigioso científico, es un genial provocador que nos pone, a través de sus artículos, en el centro de la estupidez humana.

En uno de sus últimos artículos, sobre la desnutrición infantil, Manes desnuda nuestra miserable hipocresía e inmoralidad y la expone ante nuestros propios ojos con indiscutible razonabilidad.
Tal es así que inicia su artículo diciéndonos que sería un escándalo descubrir que alguno de nuestros hijos esté desnutrido y sin cuidados mientras nosotros andamos en babia, mirando para otro lado o entretenidos con el nuevo celular, y la alacena de nuestra casa desbordante de alimentos.
No solo sería un escándalo sino que, seguramente, algún comedido cercano se encargaría, de alguna manera, de que reaccionemos.
Por eso se sorprende Manes de que como comunidad no reaccionemos, ni nadie nos haya hecho reaccionar, ya que, para él, una nación es la metáfora de una gran familia, y hoy la Argentina tiene la capacidad de producir alimentos para 400 millones de personas.
Por eso, con esta exposición, Manes nos enrostra nuestra realidad, ya que mientras exista en nuestro país un chico que no tenga garantizada su buena alimentación y protección, habremos fracasado vergonzosamente como comunidad.
Definitivamente, Manes tiene toda la razón del mundo cuando asegura que absolutamente nada puede justificar esto, ya que no existe algo más prioritario y más importante que remediar la integridad de nuestros hijos.
Y tal vez sea por todo esto que el propio Dr. Abel Albino, especialista en nutrición y presidente de la Fundación CONIN, se enoje y acuse a los políticos de que vivimos en un país con funcionarios ricos y una población pobre.
Pero, lamentablemente, no hay peor sordo que el que no quiere oir.
Hoy en día, la creencia popular prefiere circunscribir la desnutrición infantil a la selva chaqueña o a la puna jujeña, bien lejos de su mundanal ruido. Lo cual, sin dudas, es muy conveniente.
Solo habría que acercarse a alguna de las tantas casas Conin distribuidas a lo largo y a lo ancho del país y averiguar a que se dedican.
Por ejemplo, acá en Gualeguay, la casa de Conin contiene un promedio de medio centenar de gurises con problemas de nutrición, pero esto, al igual que en el resto del país, es solo la punta de un iceberg desconocido sumergido en un mar de excusas y mentiras oficialistas.
Definitivamente, Manes y Albino desnudan una realidad que nos molesta e incómoda, que nos descoloca ante la sociedad.
¿Nos pondremos colorados?
Norman Robson para Gualeguay21

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