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Platón 2.0: Rápido, fácil y cómodo

En los últimos tiempos, la gente ha establecido una marcada preferencia por lo inmediato, lo fácil y lo cómodo, y, en ese afán, ha ido moldeando un nuevo modelo de sociedad, donde el consumo ocupa un papel central. El problema surge cuando los consumidores, en su apuro y comodidad, consumen, con la misma liviandad, panchos y conceptos. Algo que Platón ya advirtió 23 siglos atrás.

Hoy, al igual que muchas otras cosas, el consumo de comida rápida o preelaborada puede parecer una solución, pero cuando los platos solo apuntan a la satisfacción inmediata de la demanda, y no a las necesidades de nutrición, la solución pasa a ser un problema. Con el consumo de conceptos e ideas pasa exactamente lo mismo.

La tendencia inmediatista, facilista y comodista ya es un hecho en nuestra sociedad, y no sería tan mala si se circunscribiera al mero consumo de productos y servicios, pero se tornó crítica a partir de que alcanza a la visión que la gente tiene de la realidad que la rodea, donde ésta pierde de vista lo esencial y toma decisiones y posiciones según lo superficial.

En otras palabras, el problema nace cuando la gente comienza a consumir conceptos e ideas con la misma liviandad que consume alimentos de cocina rápida o preelaborados. 

Los supers y las casas de comidas ofrecen hoy una variedad de alternativas que aceleran y facilitan, de forma cómoda, el acceso a la alimentación, haciendo que los consumidores se alimenten con productos preelaborados sin tener la menor idea de lo que comen, lo cual, sin lugar a dudas, pone en riesgo la calidad nutritiva, su salud física y su desarrollo individual.

Lamentablemente, del mismo modo, los medios de difusión, ahora potenciados por internet, hacen lo propio con los conceptos. Éstos, según el perfil de cada uno, aceleran y facilitan, de forma cómoda, el acceso a una gran variedad de conceptos preelaborados, sin que el consumidor se detenga a pensar que tan cierto y veraz es lo que adopta e incorpora, lo cual, sin lugar a dudas, pone en riesgo la calidad intelectual, su salud enocional y su desarrollo individual.

Tan es así que, hoy, un concepto es rápidamente adoptado por la gente si es cómodo a sus pretensiones, y si es fácil y rápido de incorporar. Ya a nadie le importa si el concepto tiene fundamentos reales y verdaderos.

A partir de estas tendencias, esta cultura de la liviandad se trasladó a todo el quehacer personal de la gente, imponiendo etiquetas y prejuicios que llegan hasta la condena social sin juicio previo, generando situaciones de extrema injusticia.

De este modo, cualquiera se clava una hamburguesa completa al paso con la misma facilidad y liviandad que califica la sexualidad de un desconocido según un gesto, o juzga la honestidad de otro según su forma de vestir. Un abrazo inocente puede significar una infidelidad y un sobre entregado seguramente contiene dinero malversado. La gorra o el traje hacen de uno un chorro o un señor.

Definitivamente, el inmediatismo, el facilismo y el comodismo han naturalizado la liviandad en el etiquetado y el prejuicio de la gente y sus actos. Hoy dicen que “una foto vale más que mil palabras”, y señalan que los títulos y titulares inclinan la opinión pública en uno u otro sentido. En el modelo de hoy, los medios desestiman los contenidos, y hasta la misma verdad, para concentrarse en sostener audiencias a cualquier costo, incluso el de pervertir la realidad, mientras que la gente los imita sin nada de escrúpulos.

De este modo, en este modelo, la gente adopta realidades por ciertas e indiscutibles sin siquiera evaluarlas, mucho menos conocerlas, y las repite, con sus aditivos personales, amparada en el pervertido derecho a opinar lo que se le da la gana. Se califican cosas, actores, actos y escenarios sin detenerse un instante en ver que tan así es lo que creen, o le dijeron, que es. O sea, con la misma frescura con que se comen un pancho en la cancha juzgan la honorabilidad del vecino.

En otras palabras, al igual que consume alimentos ya elaborados, de parados y al paso, hoy, la gente ingiere ideas y conceptos ajenos sin siquiera someterlos a una mínima validación. Lo visto en televisión, lo leído en internet, o lo escuchado en el bar o la peluquería llevan a la gente a adoptar fantasías, carentes de todo fundamento, como realidades indiscutibles, sin siquiera evaluarlas o validarlas.

Este vicio del nuevo modelo social no solo distorsiona la visión de la gente sobre la realidad que comparten, sino que, también, impone un escenario de injusticia que propende la violencia, debilitando a la sociedad que lo sufre.

Hoy, a pesar de los 23 siglos que pasaron, la Alegoría de la Caverna de Platón está tan vigente como cuando fue escrita. En la misma, el filósofo explicó, con un ejemplo, la diferencia entre el mundo sensible, el que percibimos, y el mundo inteligible, el real, con las consecuencias de confundirlos. Hoy es lo mismo, solo que la evolución del hombre se le ha vuelto en contra.

Norman Robson para Gualeguay21

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