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Prioridades equivocadas


Cada noche de carnaval, cada comparsa pone en juego sus más de 220 integrantes y alrededor de 2 millones de pesos en parafernalia para la realización del espectáculo, algo que no es tenido en cuenta a la hora de decidir frente e un pronóstico climático adverso.

Frente a al alerta climático vigente, la organización del carnaval local lanzó ayer sábado por la mañana un flyer estableciendo, entre otras arbitrariedades, que se toman hasta las 21 horas para suspender o no el evento por razones climáticas.
En el mismo comunicado, advierte que, si se suspende el corso antes de que termine la primera comparsa, devuelven la entrada, mientras que si se suspende después, no hay devolución.
De este comunicado queda más que claro que el interés de la organización, a la hora de evaluar la realización o no del espectáculo, se concentra, exclusivamente, en el factor económico, y no en el riesgo que representa para las comparsas realizar el evento con un pronóstico firme de lluvias y tormentas.
Ahora bien, luego de mantenerse el pronóstico adverso a lo largo de todo el día, a las 21 horas, y con un frente de tormenta instalado al suroeste, la organización desestimó esto y decidió seguir adelante con el espectáculo, indiferente a los riesgos que esto implicaba.
Afortunadamente, la cordura y la responsabilidad se impusieron por sobre la mera avidez económica y, minutos antes de las 22 horas, un comunicado oficial avisaba que se suspendía la noche de Corsos.
A esa altura de la noche, la primera comparsa ya había hecho el esfuerzo para salir a la fiesta: peinados, maquillajes, changas, traslados. Todo dinero de particulares y comparsa gastados inútilmente porque la organización primó su interés en su ganancia por sobre su responsabilidad para con quienes hacen el espectáculo.

O sea, la organización demostró en la noche de ayer que le interesa sobremanera la ganancia que le representa una noche de corsos, sin ninguna consideración por los riesgos que asuman las comparsas, a las cuales una tormenta de viento y agua puede dejar en banca rota.
Lamentablemente, esta historia es muy común en el mundo del espectáculo, donde inescrupulosos capitales no miden consecuencias, pero cuando la organización, como en este caso, es la propia Municipalidad, un escalofrío me corre por la espalda.
Para algunos, es deber de la Comuna priorizar en sus decisiones la integridad física de los integrantes, a la vez que también es su deber preservar el patrimonio de las comparsas para garantizar la sustentabilidad de una fiesta popular que es de todos.
Tal vez por eso, anoche, antes de la suspensión, no éramos pocos los gualeyos que mirábamos preocupados hacia el Corsódromo, los mismos que, después de la suspensión, respiramos aliviados.
Por esto, roguemos que se corrijan las prioridades de la organización y exijamos que, en ese protocolo de suspensión, se establezcan, por escrito, los argumentos que deben determinar la cancelación o no de una noche de corsos por cuestiones climáticas.
Norman Robson para Gualeguay21

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