18 julio, 2024 6:12 pm
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Qué difícil es no sospechar

En la tierra de los desaparecidos, su Justicia dilata el esclarecimiento de la desaparición de un matrimonio y sus cuatro hijos en el 2002, 16 años atrás, blandiendo así un siniestro manto de sospechas sobre el tema.

Después de incomprensibles 16 años de dilaciones, el verano pasado, un juez y un fiscal se animaron a reactivar la causa Gill y su investigación, realizándose una excavación en la estancia donde trabajaba el matrimonio, en uno de los dos posibles lugares donde podrían estar enterrados.
Como el resultado solo arrojó restos animales, y el otro lugar demandaba un movimiento de tierras y otras operaciones, la Justicia ordenó a la Policía presupuestar la operación para conseguir los fondos necesarios. Una cuestión burocrática que parecía haber condenado nuevamente a la causa a no ser esclarecida.
De este modo, habiendo pasado tres meses sin movimientos en el lugar, ni novedades al respecto, el Diario UNO recordó estos días que las operaciones necesarias para el esclarecimiento de la desaparición de toda una familia estaban aún detenidas por falta de dinero para cumplir con lo necesario.
Ahora bien, parece ser que la publicación “avergonzó” al propio Juez, quien, de inmediato, salió al cruce de los dichos de UNO asegurando que la noticia de que la búsqueda de los Gill estaba paralizada por falta de fondos era “inexacta”.
Más precisamente, el comunicado del Juez sostiene que es inexacta la afirmación de que el Superior Tribunal de Justicia aún no definió el trámite de asignación de dinero para ampliar el trabajo en la estancia La Candelaria, de Crucecitas Séptima, sino que la averiguación de paradero de la familia, expediente Nº 350/02, ante su Juzgado, se encuentra detenida a la espera de resolver “diferentes pedidos realizados por los titulares del inmueble La Candelaria”.
O sea, el Juez aclara que no es por falta de plata que las operaciones están detenidas, sino que, peor aún, están detenidas porque hay cuestiones planteadas por los dueños de la estancia, que, parece ser, son más importantes que descubrir que pasó con los Gill.
Al Mencho Gil, a la Margarita y a sus cuatro hijos, de entre 4 y 12 años, se los vio por última vez el 13 de enero de 2002 y todos apuntaron contra su patrón y dueño de la estancia, el alemán Alfonso Goette, fallecido accidentalmente en el 2016. Hoy, a dieciséis años y medio, la Justicia entrerriana, a pedido de los dueños, sigue dilatando la investigación sobre lo ocurrido.
En la tierra de los desaparecidos, Entre Ríos, su Justicia dilata el esclarecimiento de la desaparición de esta familia completa, al igual que en su Justicia Federal se dilata el esclarecimiento del paradero de Don Omar Benvenuto, esfumado de la ruta 12 hace casi cinco meses. Junto a  estos, también aguardan esclarecerse las desapariciones del niño Sánchez, de los de San Jaime, de los concordienses y de María Fernanda.
Más allá de las inevitables perspicacias, resulta difícil comprender que puedan existir explicaciones para todo esto, resulta imposible no sospechar que existan voluntades interesadas en que no se sepa la verdad.
Norman Robson para Gualeguay21

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