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Qué les vas a hablar de carnaval

Con cinco comparsas alternando sobre el circuito, y un corsódromo para 30 mil personas, el Carnaval del País es reconocido como uno de los principales argumentos del destino Entre Ríos. Si bien soy amante del carnaval, y del corso gualeyo por arriba de todos, creo que el de Gualeguaychú, por trayectoria y resultados, tiene mucho para enseñarnos.

Cada noche de sábado, en enero y febrero, al igual que en Gualeguay, por el circuito del corsódromo gualeguaychuense, el cual tiene las mismas proporciones que el nuestro (500×10), desfilan, también, tres comparsas de 350 integrantes cada una.

O sea que, esencialmente, el espectáculo es el mismo, y la diferencia radica en la espuma, en la inversión en cada comparsa, y en el volumen de espectadores. Allá, como acá, cada comparsa interpreta un tema, el cual desarrolla cuadro por cuadro, con tres carrozas, otra para la banda y otra de cierre.

Eso sí, la organización, desde sus orígenes, está en las manos de una comisión conformada por los cinco clubes a los que pertenecen las comparsas, mientras que la Municipalidad solo cobra el comodato por el corsódromo y no interfiere en las decisiones del carnaval.

Ahora bien, a la hora de observar el desarrollo de la fiesta hay una serie de aspectos que merecen ser destacados. Detalles que resultan de las distancias que hay entre nuestra historia de desaciertos y su historia de compromiso y dedicación, ya que ambos nacieron en su calle principal de la mano de la sociedad civil.

El corsódromo. Imponente infraestructura para 30 mil personas a la cual, aún, le quedan tribunas de madera que pronto ya serán historia.

El ordenamiento. Todos los movimientos dentro del corsódromo están estricta y armónicamente ordenados, ya que, a pesar de los miles de espectadores, no se ven tumultos ni desordenes de ningún tipo.

Las entradas y las ubicaciones. La entrada cuesta 330 pesos para los entrerrianos y 660 para los demás, mientras que las ubicaciones cuestan, por persona, entre 120 pesos las sillas al inicio y 1.300 pesos en el sector VIP.

La compra. No hay dificultades de ningún tipo para adquirirlas, ya que pueden comprarse ágilmente por la web del Carnaval del País, o, personalmente, en el propio corsódromo durante la semana, o en los puntos de venta de Buenos Aires, Santa Fe y la República Oriental del Uruguay.

Ubicaciones. El espectáculo se puede ver, cómodamente, desde los sectores de Sillas, de las Tribunas, del VIP, del Pullman o del playón joven. Este último sector, gratuito como las tribunas, se encuentra a ambos lados de la pasarela al final del circuito, y es exclusivo para los jóvenes, quienes lo disfrutan a su manera sin molestar a los mayores. Cabe señalar que todas las ubicaciones cuentan con el servicio de alguna de las 10 cantinas, también en manos de los clubes.

Show. El show brindado por la comparsa es igual a lo largo de todo el recorrido, lo que significa que quienes se ubican al principio, en el centro, o al final ven el mismo espectáculo. Como garantía de ésto, los jurados que evalúan el espectáculo no están concentrados en el medio, en la zona VIP, sino que están distribuidos a lo largo del circuito.

El sonido. Factor crítico si lo hay, hace años que dejó de ser un problema, ya que lleva más de una década en manos de la misma empresa.

Prensa. Convencidos de que el Carnaval se sostiene en la calidad y la difusión, manejan, cada noche, unas 150 acreditaciones, de las cuales unas 30 o 40 son para fotógrafos y camarógrafos que toman imágenes apostados agachados dentro del circuito. Al mismo tiempo, manejan 3 drones que toman imágenes para el canal de YouTube o para abastecer a los medios.

Publicidad. Gracias a la difusión que hacen del evento a través de los medios, tanto la publicidad estática como los esponsoreos tienen una gran demanda, como en el caso de Manaos y Cerveza Santa Fe, y su comercialización se concursa entre agencias.

La previa. Antes de salir al ruedo, las comparsas se concentran en un predio al inicio, donde los integrantes precalientan, y donde unos utilitarios reparten tocados y espaldares, todo al ritmo de la banda que ensaya. En el lugar hay una cantina y allí la prensa hace notas con total comodidad.

El espectáculo. Si bien el volumen de cada comparsa es igual al nuestro, la inversión salta a la vista en los trajes y en las carrozas.

El ritmo. La música de la banda es creada para la ocasión, no se permiten temas de autor, y todos los cuadros la interpretan con coreografía desde el inicio hasta el final.

Los integrantes. Casi todos son jóvenes, mientras que entre los pasistas hay equilibrio de sexo, siendo los cuerpos más llamativos aquellos de los hombres.

Trajes. Si bien hay mucha pluma, llaman la atención los muchos cuadros con cuerpos cubiertos y máscaras, caracterizando los temas.

Las carrozas. Monumentales por su tamaño y dinámicas por los movimientos.

La locución. No hay locutor, ni animador, sino que los propios cantantes, desde su lugar, animan el paso.

Duración. Cada comparsa se toma una hora de reloj para desfilar, mientras que salen al circuito apenas la anterior llega al final. De ese modo, el espectáculo inicia minutos después de las 22:30 hs. y termina minutos antes de las 2:00 hs.

En definitiva, creo que hay muchos detalles que pueden inspirar mejoras en quienes quieran hacer crecer nuestros corsos, mientras que quienes se refugien en la soberbia solo incrementarán el retraso y seguiremos como estamos.

¿Te imaginás nuestro corso potenciado con una polenta organizativa como la de Gualeguaychú? Fijate que no es tan difícil…

Norman Robson para Gualeguay21

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