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Sino, que Momo nos lo demande

La controvertida premiación del carnaval local, luego de maravillosas ocho noches, hoy es el tema común entre los gualeyos, pues no son pocos los que dudan de la legitimidad de los premios.

Más allá de las pasiones, creo que solo nos debe preocupar la fiesta, pues el carnaval es nuestra fiesta por excelencia, y cuando nuestra fiesta se tiñe con lágrimas, y dudas, pueden echarle la culpa a las lloronas y a los desconfiados, pero lo cierto es que se nos arruina la fiesta.

Más de mil personas, un año de laburo y expectativas, horas de apasionado y anónimo laburo, ocho lunas de glamur y algarabía, etcétera, etcétera, no merecen empañarse con lágrimas. Menos con dudas.

Precisamente ese es un problema que deben resolver quienes organizan nuestra fiesta, aunque, lamentablemente, siempre recurran a echarle la culpa a otros, en este caso, las lloronas y los desconfiados.

Evidentemente, muchos no sabemos nada de carnaval, y, sin lugar a dudas, nuestro gusto es desastroso, así que no es apropiado opinar acá sobre los premios, aunque sí es válido pretender, sino exigir, que sean actos de justicia a lo mejor, no a lo que hace mucho que no gana, ni a lo que tiene un referente en el cielo, ni a aquello que cuenta con la simpatía de quien está en el poder. Solo a lo mejor.

Eso sí, lo del premio compartido es un bolazo grande como una casa. Evadir la responsabilidad de elegir a uno eligiendo dos, no solo es inaceptable, sino que es una estafa.

¿Qué van a hacer con la estatuilla quienes la ganaron? ¿Un día cada uno, una semana cada uno, o partirla al medio?

Ahora bien, volviendo a los premios, y a nuestra ignorancia y mal gusto, me cuestiono: ¿Por qué hubo lágrimas y desconfianza si la fiesta fue maravillosa?

Creo que es por nuestra ignorancia y mal gusto, las cuales resultan de desconocer que es lo mejor en el marco del carnaval, y promueven la desconfianza.

O sea, si supiéramos cuáles son las reglas, qué se valora, cómo se evalúa, y quiénes son los responsables de esto, podríamos apreciar al carnaval como se debe, y, así, no habría sorpresas.

De este modo, no habría lágrimas al cabo de los fallos, ni desconfianzas, y la fiesta sería completa.

Por eso, solo puedo pedir que, así como sabemos los nombres de nuestros jueces en tribunales y las leyes por las cuales nos regimos, nos deberían hacer saber el reglamento, los jurados y los criterios.

Y, viendo que siempre que la justicia estuvo en manos del poder hubo que lamentar las sombras de la injusticia, también me permito pedir que la calidad del carnaval se deposite en una comisión, conformada por aquellos que saben del tema en cada comparsa, la cual debería dictar reglamentos, criterios, seleccione jueces, difunda todo esto y, de este modo, garantice a la comunidad el clima de fiesta del espectáculo.

De esa forma, por un lado, podremos aprender a disfrutar el carnaval con el buen gusto correspondiente, evitándonos las innecesarias lágrimas, sin motivos para desconfiar, y, por otro lado, quienes hacen el carnaval crecerán a partir de sus autocorrecciones, brindando, así, la tranquilidad de que todo redundará en una fiesta en toda su dimensión.

Creo que es lo menos que nos merecemos quienes, más allá de todo, amamos nuestro carnaval.

Así que, velado y enterrado Momo, dejémoslo descansar en paz, y comencemos a construir un carnaval 2018 que sea, de principio a fin, una fiesta completa para todos y cada uno de los gualeyos.

O sea, un carnaval tristeza cero o, sino, que Momo nos lo demande.

Norman Robson para Gualeguay21

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