Solo para los que quieren ver

En una nota de Laura Ventura para La Nación, donde advierte sobre la pobreza del habla de los chicos, Barcia recuerda a Platón diciendo que quien tiene el discurso tiene la espada, para así enfatizar que el dominio de la palabra es el poder intangible más eficaz que alguien puede tener.
Tal es el valor que Barcia le otorga a la palabra que asegura que si uno posee voluntad, memoria y un diestro manejo del sistema lingüístico, es imposible no triunfar en la vida.
En la entrevista de Ventura, Barcia reflexiona sobre la crisis de la educación argentina y rescata el refrán que dice que estos lodos vienen de aquellos polvos, indicando que el problema viene desde hace tiempo, remontándose hasta los años 60.
Es que Barcia encuentra en aquella década el surgimiento de algunos elementos nocivos que aún hoy persisten, como el relativismo, el facilismo que atenta contra la cultura del trabajo, el permisivismo y el cuestionamiento de la autoridad.
Respecto de cómo abordar tan preocupante problemática, Barcia dice que hay que trabajar en la formación docente, ya que la Argentina tiene 1200 institutos de formación docente y se necesitan al menos 20 especialistas para cada centro, lo que da un necesidad de 24 mil formadores, cantidad que el país no tiene.
Profundizando en la génesis del problema, Barcia entiende que nada es culpa de los muchachos, sino del sistema, ya que de las cuatro destrezas típicas del lenguaje, la lectura, la escritura, el hablar y el escuchar, la escuela se dedica solo a las dos primeras.
En definitiva, Barcia asegura que el problema del sistema es suponer que es suficiente que el chico articule frases, sepa hablar y escuchar, cuando en realidad no sabe dialogar y nunca se forma su oralidad, esencial para la vida cotidiana.
Por ese motivo, Barcia advierte que estamos educando alumnos con pobreza léxica, sin habilidad comunicativa, transformándolo en ciudadanos de segunda.
Barcia termina diciendo que la ley reconoce que los chicos tienen la libertad de decir lo que piensan, pero no pueden armar frases y se les dificulta el pensar, deteriorándose así la posibilidad de una democracia de calidad.
Todo esto que Barcia advierte enfáticamente, es fácil advertirlo en el llano del territorio, aunque nadie lo exponga sobre la mesa, ni docentes, ni directivos, ni padres, ni dirigentes, mucho menos el poder político, para quien la educación se encuentra entre las últimas de sus prioridades.
De muestra bastan botones como la acefalía departamental, la política salarial, el desalojo del complejo educativo, o la utilización de las estructuras directivas como unidades básicas, realidades que no ven solo aquellos que no quieren ver, o no les conviene.
Norman Robson para Gualeguay21

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