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Todos queremos la paz


…Pero no todos nos comprometemos en construirla, ni la entendemos de la misma manera.

Los atentados terroristas realizados en París hace pocos días han sembrado muerte, dolor, miedo en Francia y en muchos otros lugares del mundo. Nos vuelve a mostrar frágiles y vulnerables en la convivencia social. Nos enfrenta al riesgo del encierro, la desconfianza a los vecinos, a los migrantes. La estigmatización aparece y se cuela en todos los ambientes haciendo nido con la argamasa del prejuicio y el preconcepto.
La réplica de bombardeos es también expresión de violencia difícil de acotar a objetivos estrictamente militares de grupos terroristas. Como expresa una antigua frase: “La verdad es la primera víctima en una guerra”. El asesinato de todo ser humano debe conmovernos más allá de su nacionalidad, confesión religiosa, idea política o condición social. La dignidad de cada persona es inviolable, tanto inocente como culpable de un crimen o delito.
Las atrocidades en las guerras que hemos experimentado en la humanidad durante el siglo XX deberían servirnos como motivos firmes para evitar entrar en terrenos difíciles de desandar.
Hace más de dos años que el Papa Francisco ha reclamado en diversas ocasiones a las Naciones Unidas y a todo el mundo una intervención en los conflictos de la Región: “Mi pensamiento va especialmente a la querida población siria, cuya tragedia humana puede ser resuelta sólo con diálogo y la negociación, en el respeto de la justicia y de la dignidad de cada persona, especialmente los más débiles e indefensos” (septiembre 2013). En agosto de 2014 escribió al Secretario General de las Naciones Unidas: “Coloco ante usted las lágrimas, los sufrimientos y los gritos desesperados de los cristianos en Irak” y poner fin a la violencia del Estado Islámico en la región.
Y en la misa de Pascua de este año pidió: “Roguemos ante todo por Siria e Irak, para que cese el fragor de las armas y se restablezca una buena convivencia (…). Que la comunidad internacional no permanezca inerte ante la inmensa tragedia humanitaria dentro de estos países y el drama de tatos refugiados” (5 de abril de 2015). Sin dejar de denunciar en esa misma homilía a “los traficantes de armas que se benefician con la sangre de los hombres y las mujeres”. Para algunos la guerra es un negocio y la muerte de los demás, una cuestión de escaso interés. Otra vez la idolatría del dinero.
Jesús nos aseguró que son “felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mt 5, 9). Desde la distancia comprometámonos con la oración y con actitudes pacíficas en el trato cotidiano con los demás. Que nuestros gestos no respiren violencia o desprecio a ninguna persona ni a criatura alguna. Repitamos con convicción: “¡La Paz es posible!”.
Hoy estamos viviendo un día muy especial en nuestro país. Definiremos quién será Presidente los próximos 4 años. Recemos por quien resulte electo y vivamos esta jornada democrática en paz.
Este domingo celebramos la Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Esto nos compromete a dedicar nuestra vida para colaborar en la construcción del “Reino eterno y universal, reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia. Reino de justicia, de amor y de paz” (prefacio de la misa de hoy). Un saludo especial a todos los amigos de la Acción Católica en su día.
Tengamos una oración especial por el viaje apostólico que Francisco realizará del miércoles 25 al lunes 30 de noviembre en el Continente Africano a Kenia, Uganda y la República Centroafricana. Una visita a los más pobres, los misioneros, los jóvenes…  No le perdamos pisada.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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