Todos se borran, después lloramos

Son vecinas y comulgan el mismo problema: hijos en riesgo por la droga y el delito. Son madres que deambulan desesperadas por la Policía, por la Fiscalía, por el Juzgado de Familia y por el Copnaf logrando solo evasivas y mucha indiferencia. Todos dicen que nadie puede hacer nada.

Aunque la ley dice lo contrario, todos se esconden detrás de convenientes tecnicismos o simples mentiras.

El caso de hoy

Si bien varios de los hijos de estas mujeres demandan atención urgente del Estado, esta vez, el más urgente, es un joven ya mayor de edad que se encuentra a la deriva poniendo en riesgo su vida y la de los vecinos.

En el verano pasado, el jovencito en cuestión, ya con una trayectoria en robos y hurtos como menor, fue detenido por ser sospechoso en el caso del asalto y violación a una mujer en una vivienda de ruta 11, unos kilómetros al norte de esta ciudad.

Si bien el fiscal ahora lo vincula con otras causas, lo cierto es que, luego de una ronda de reconocimiento realizada en aquel momento, la víctima lo descartó. Igualmente, la Fiscalía dispuso su prisión domiciliaria junto a su tía, con quien vivía.

Pero, según relató su propia tía, pocos días después, el joven desoyó la orden, tomó la calle, resultó detenido y luego alojado de forma preventiva en la celda de Jefatura, hasta que un par de semanas después, por problemas de abstinencia, fue internado en el Hospital San Antonio.

Ahora bien, después de esto, por razones que se están tratando de conocer, la Fiscalía dispuso el traslado e internación del jovencito en una institución de Paraná, donde, según aseguran sus familiares, algo pasó, ya que a los 15 días se dispuso su regreso e inmediata libertad.

A partir de esta instancia, el joven está libre y se lo ha visto inmerso en un irrefrenable espiral de enajenación y violencia.

De acuerdo a las sospechas de sus allegados, las cuales coinciden con las de fuentes policiales, durante las dos semanas que pasó internado, el jovencito habría sufrido múltiples abusos que, de alguna manera, alteraron profundamente su carácter y estado emocional, encontrándose hoy continuamente agresivo, desconociendo incluso a sus familiares más cercanos, y con posibles síntomas paranoicos.

Este estado emocional, según familiares y vecinos, en las últimas semanas se ha agravado, y se han multiplicado los hechos y amenazas, siempre fuera de sí, con los ojos desorbitados, muchas veces con un arma en la mano, revistiendo mucha seriedad y preocupación.

Ante el temor de que ocurra una tragedia, o sea, de que alguien lo termine matando, o él a alguien, la madre, la tía y un grupo de vecinas se recorrieron la Policía, la Fiscalía y el Juzgado de Familia y, salvo la Policía, donde realizaron una exposición, los demás se desentendieron asegurando que nada pueden hacer.

Conclusión

Mientras la Justicia se borra, nuevamente como en casos anteriores, se agotaron los recursos de estas familias, absolutamente abandonadas por un Estado vago y haragán que no le importa tener que actuar recién después de un muerto.

Por lo tanto, si este jovencito, hoy o mañana, mata a alguien, seguramente los irresponsables de siempre buscarán echarle la culpa a algún Juez Rossi.

Norman Robson para Gualeguay21

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