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Un crimen previsible

En la siesta del pasado 28 de febrero, Luis Martín Alarcón, habría matado a golpes de baldosa a su pareja, María Edith Morales, al cabo de otra violenta discusión. Muchos temían que pasaría, pero nadie hizo nada. Nada.

Este crimen, un ensañado femicidio, conmocionó la pequeña localidad al norte de Gualeguay, a la vez que sumó un nuevo caso a las largas estadísticas de violencia de género.

Los hechos

“Mamá, por favor cuidate”, le rogó Kevin, su hijo de 17 años, antes de dejarla sola. No era para menos. Cuando ella llegó a la casa, después de viajar hasta Gualeguay, cuidar una viejita toda la noche en el hospital, y volver, empezaron los problemas.

Estaba agotada, había traído unos chorizos para cocinar. Casi 20 horas fuera de la casa, cada día, la cansaban. Le encargó a Luis el almuerzo, pues ella quería bañarse. Pero éste se encontró con que la garrafa estaba sin gas.

Llevaban 17 años juntos. Antes en Gualeguay, y los últimos 13 meses en Galarza. Él no trabajaba, ella sí. Él tomaba, era violento y celoso. Ella vivía amenazada de muerte. Su entorno quería rescatarla, pero ella no quería. Temía por ella, por los chicos, por todos. Todos sabían que Luis era peligroso.

Kevin vio cómo empezó todo. Fue como si la falta de gas desencadenara la locura. “Puta de mierda”, le gritaba Luis, en un violento ataque de celos potenciado por el alcohol. “Cogés con otro”, la acusaba. Ella, sentada, pretendía indiferencia mientras contaba una plata cobrada.

A las dos de la tarde, Kevin se fue al Polideportivo. Antes le pidió a su madre que se cuidara. Pero ella no pudo cuidarse.

A las cinco de la tarde, al volver a su casa, Kevin solo encontró sangre. La buscó. Recién la encontró, debajo de una de las camas. Supo enseguida que estaba muerta. Pidió auxilio. El 101 solo daba ocupada. Una ambulancia que pasaba los ayudó. De inmediato vino la policía.

María Edith, de 35 años, había sido asesinada a golpes de baldosa hasta producirle múltiples fracturas de cráneo. Luis, de 38 años, más tarde reconocería llorando la autoría.

Gisela, la hija, de 16 años, hija del matrimonio, estaba en lo del novio. Gerardo, de 22, hijo de soltera, vivía en Gualeguay.

Luis, consumado el crimen, se había dado a la fuga. Lo interceptaron, caminando, en la caminera, en el acceso sur a Gualeguay. Fue detenido y encarcelado. Su prontuario arranca en el 2009. Está involucrado en 14 causas. La violencia es el factor común. Hurto, amenazas, agresión y abuso de armas se suman. Pero la última denuncia es clave.

Negligencia judicial

A fines de 2016, María, temiendo por su vida, fue a Tribunales a denunciar que era víctima de violencia de género. Lo hizo en la Fiscalía, ante el Dr. Pablo Guercovich, un gran orador en cuestiones de violencia de género. Pero nada hizo al respecto. Solo la desestimó, la archivó, y la derivó al Juzgado de Familia. El Dr. Gustavo Piquet, entonces Juez de Familia, indiferente a estas cuestiones, difícilmente se haya enterado.

Un par de meses después pasó lo que pasó.

Si bien no se puede saber si se podría haber evitado el crimen, lo cierto es que, de haberse cumplido con las políticas de género tan proclamadas, otra hubiese sido la historia. Solo había que hacer algo.

Al día de hoy

A los pocos días del crimen, a Luis, mayor de cuatro hermanas y dos hermanos, de una humilde familia del Is. Malvinas, le fue dictada la prisión preventiva hasta el juicio. Hoy está alojado en Victoria a la espera del juicio y difícilmente vuelva a ver la luz.

Los gurises, Gisela y Kevin, hoy viven con Gerardo, los tres intentando reconstruirse a partir de la tragedia. Solos, y como pueden, enfrentando la vida.

El 28 de febrero de 2017 se destruyó una familia. El sistema prevé su protección a través de suficientes leyes. Pero los hombres evaden cumplirlas.

Norman Robson para Gualeguay21

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