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Un papá boludo


El sábado por la noche me vi obligado a permitir que mi hijo de 13 años asista a una “joda” en Central con alcohol a discreción hasta la madrugada, so pena de quilombo familiar.

“Todos los gurises van”, “todos los gurises toman”, “todos los padres los dejan”, o sea, yo soy el único papá boludo, mal padre, castrador, etcétera, etcétera.
Cabe destacar que, en esta “joda”, el mío de trece no era el único, sino que él estaba con su grupo, todos de la misma edad, y su grupo lejos estaba de ser el único grupo de menores de 18, sino que estos ingresan libremente por centenares.
Como es lógico, al cabo de la “joda”, luego de las lógicas escaramuzas infantiles que la propia policía expulsó del lugar hacia la calle, la gurisada alcoholizada y/o intoxicada se contaba por docenas.
Ahora bien, existe una ley que dice que los menores no deben acudir a eventos nocturnos, y otra que dice que no se les puede despachar alcohol, pero, absolutamente indiferente a este marco legal, en una institución deportiva, promovida públicamente por sus organizadores, y con presencia policial, se violan abiertamente estas leyes.
Al evaluar esta legislación, descubrí que en algún momento fueron creadas las leyes para preservar la integridad de nuestros niños y jóvenes del avance de flagelos como el alcohol, la droga, el embarazo infantil, etcétera, etcétera.
Pero, ante la libertad con que se desarrollan estas “jodas”, debo suponer que no me enteré de que estos flagelos enumerados ya deben estar superados y ya no deben representar un riesgo para nuestra niñez y adolescencia.
Que papá boludo.
Deberé aceptar, entonces, que así son las nuevas generaciones y librar al destino el futuro de éstas, y que sea lo que Dios quiera. Pensar que yo creía que eran las sociedades las que decidían sobre su destino a través de políticas públicas y acciones de gobierno.
Que papá boludo.
Igualmente, sería bueno que esto se blanqueara públicamente y se deroguen las leyes vigentes en este sentido, así papás boludos como uno evitamos quedar en ridículo y sufrir más quilombos familiares.
Eso sí, si no es así, y las leyes están en lo cierto, y nuestros gurises tienen que protegerse, que el gobierno se haga cargo y se haga presente para hacer cumplir las leyes. O sea, que los funcionarios públicos que pagamos impongan el cumplimiento de las leyes tal cual lo indican sus deberes, sino deberían ser pasibles de una denuncia por incumplimiento.
Por último, como siempre aparece algún estúpido que pretende solucionar el problema echándoles la culpa a los padres, cabe destacar que el caos planteado ha mellado el orden familiar provocando que los padres pierdan los argumentos con los que sostenían su autoridad, lo que le ha venido como anillo al dedo al Estado para desentenderse del problema y liderarnos hacia esta anarquía que vivimos.
Esta es la realidad que ve un papá boludo que cree, o creía, que debía ser responsable y el Estado estaba para ayudarlo en esa tarea.
Un papá boludo para Gualeguay21

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