Tal es así que, a pesar de prometer no darle cargos a quienes estén sospechados de corrupción, Bordet inventó nuevos y nombra en ellos a Luis Erro y a Paola Rubattino, referentes locales ya famosos por sus múltiples y sospechosos actos de gobierno.
Resulta, por lo menos, llamativo el nombramiento de quienes, no solo fueron contundentemente rechazados en las urnas, una como intendente y el otro como senador, sino que, a lo largo de sus años al frente del gobierno de Gualeguay, demostraron, sin dejar lugar a dudas, su desinterés por el destino y bienestar de sus gobernados.
Más allá del irrespeto democrático y de las maquiavélicas intenciones que pueden significar los nombramientos, resulta hasta gracioso encomendarle la articulación de políticas públicas a quien demostró su absoluta incapacidad en ello, al igual que encargarle el desarrollo social a quien fracasó estruendosamente en ello cuando tuvo su oportunidad. Pero más gracioso es que premien con cargos políticos a los mariscales de una derrota histórica del peronismo.
Tampoco es un dato menor el hecho de que Erro y Rubattino se encuentren encarnizadamente enfrentados, encono que también se materializa en la mezquina interna peronista local, donde uno va detrás de Albornoz y la otra detrás de Gálligo. Todo pareciera indicar que Bordet apuesta parejo a pares y nones en una jugada en la cual solo pierde el departamento Gualeguay.
Por lo tanto, sea como sea, todo esto no hace más que insinuar una clara intención del Gobernador Gustavo Bordet de instalar en el Departamento Gualeguay un gobierno paralelo que le permita resucitar el pasado que el propio pueblo tan enfáticamente condenó.
Si las intenciones de Bordet fueran reforzar el Desarrollo Social y las Políticas Públicas, lo cual no solo es pertinente sino urgente, brindaría todo su apoyo, como corresponde y promete, a las legítimas gestiones elegidas por el pueblo y no designaría para esto a dos probados incompetentes e irresponsables con su futuro en manos de la justicia, razón por la cual todo hace suponer que las verdaderas pretensiones serían imponer o interponer en el Departamento una gestión política paralela que entorpezca las legítimas gestiones de Liggerini, Bogdan y Morchio.
Por último, si agregamos a todo esto que Liggerini, Bogdan y Morchio solo han logrado falsas promesas e incomprensibles dilaciones en sus gestiones ante la Gobernación provincial, se hace muy difícil creer que las intenciones de Bordet no son tan oscuras como oscuros son los prontuarios de quienes eligió para inmiscuirse en el Departamento, y todo esto no sería otra cosa que una nueva alianza non sancta.
Norman Robson para Gualeguay21


















