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Una visita que nos alegra


Algunas visitas pueden ser inoportunas. A veces hay gente que es metida o que pregunta por situaciones que uno prefiere guardar en reserva; podríamos decir personalidades “invasivas”. En otras ocasiones, más allá de la bondad de las personas, hay circunstancias propias que no nos disponen bien.

Por ejemplo si estamos pintando la cocina y tenemos todo revuelto, si vamos a salir con apuro, si alguno está descompuesto, que golpeen a la puerta puede no caernos bien. Algunos incluso mandan a los chicos con la consigna: “deciles que me fui”.
Pero otras veces, en cambio, anhelamos  que alguien se acerque para hacer compañía. Cuando la soledad tiene sabor de amargura, o en momentos de desolación, la presencia amistosa de quien aporta consuelo y serenidad es un bálsamo de esperanza. Hay personas que nos dejan paz a su paso por nuestra vida.
Hoy, 31 de mayo, conmemoramos la Visita que la Virgen María hizo a su prima Isabel. María recién había recibido el anuncio del ángel Gabriel que le comunicaba que sería la Madre del Salvador; Isabel, mujer ya mayor, en el sexto mes de su embarazo, llevando en su seno a Juan el Bautista. Un encuentro gozoso que mueve a la alegría: en las dos mujeres y en los dos niños.
Isabel reconoce algo muy particular en María: “¡Feliz de ti, por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor!” (Lc 1, 45). María vive en la alegría de la fe. Ella lleva en su vientre al Salvador del mundo. La palabra “entusiasmo” es de origen griego, y significa “el que lleva un Dios adentro”. Y verdaderamente ésa era la situación de María. Ella no viene en un “toco y me voy” sino para quedarse en el servicio. Viene para quedarse de modo tranquilo y sin apuro. Cuando llega no está mirando el reloj para irse cuanto antes.
Por este motivo hoy la celebramos como “Reina de las misiones”. En ella vemos un modelo de la tarea misionera de la Iglesia, cómo compartir la alegría de la fe, cómo llevar a Jesús al encuentro de los hermanos. Francisco nos enseña que “hay un estilo mariano en la actividad evangelizadora de la Iglesia. Porque cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. Mirándola descubrimos que la misma que alababa a Dios porque «derribó de su trono a los poderosos» y «despidió vacíos a los ricos» (Lc 1,52.53) es la que pone calidez de hogar en nuestra búsqueda de justicia”. (EG 288)
Mañana comenzamos el mes de junio, dedicado de modo particular al Sagrado Corazón de Jesús, una devoción que nos acerca de manera especial al amor de Dios por la humanidad. Aprovechemos para renovar la confianza en su Misericordia.
El miércoles 3 de junio se está convocando a marchar en unas cuantas ciudades del país con la consigna “#NiUnaMenos”, para concientizar acerca del drama que implica la violencia contra la mujer, para expresar cuánto valoramos sus vidas. El punto de encuentro en Buenos Aires será a las 17 hs en la Plaza de los Dos Congresos.
En unos días viajo a Roma. Estaré allí una semana en la cual tendré ocasión de realizar algunas reuniones en organismos del Vaticano relacionados con la Pastoral Social y, si Dios quiere, podré saludar al Papa Francisco y expresarle el cariño de nuestro pueblo. Luego iré durante 10 días a Tierra Santa acompañando una peregrinación de varios matrimonios, unos cuantos de ellos vinculados a la Acción Católica. En esos lugares sagrados pediré a Jesús nos ayude a renovarnos en la alegría de la fe y la audacia de la misión.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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