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… y el comercio dónde está?


Desde principios de año se viene hablando en nuestra ciudad sobre la intención primero y el hecho consumado después de legislar sobre la cartelería comercial en el marco del uso del espacio público.

Tal es así que, días previos a la votación de la ordenanza, concejales opositores se pusieron en contacto con las instituciones para advertirlos sobre la dimensión de la medida y su impacto en las actividades comerciales.
A pesar de esto, la única entidad que se pronunció preocupada por la avanzada municipal sobre la cartelería fue la Corporación para el Desarrollo, la cual, a través de un comunicado, manifestó su desacuerdo y preocupación y la consideró en nada beneficiosa para nuestra ciudad.
De este modo, ante la indiferencia del Centro Económico y de los comerciantes, el 10 de abril de 2014, hace seis meses, el Concejo Deliberante impuso, abusando de su mayoría, la Ordenanza que establecía el marco de regulación de la cartelería entendiendo que “los vecinos de la ciudad tenemos derecho a recibir sólo la información que buscamos y necesitamos sin que ésta se encuentre relegada o subordinada a ningún mensaje publicitario. En este sentido resulta indispensable distinguir con nitidez las señales de tránsito y de servicios esenciales como el transporte, la educación, la salud y la seguridad. Es deseable que los comerciantes, en especial las pequeñas empresas, puedan ser reconocidas en el entorno urbano. Por lo tanto, la publicidad debe estar subordinada a la obligación de preservar el patrimonio histórico y cultural urbano”.
Cabe resaltar que en la Ordenanza promulgada, el artículo 2º establece “que la presente Ordenanza comenzará a regir a partir del mes de noviembre del corriente año, lo que será comunicado e informado a la población en general, y comerciantes de esta ciudad para que adecuen su cartelería y publicidad preexistente”.
Pero, desde aquel 10 de abril hasta hoy, ni la Municipalidad, ni los comerciantes, ni representados por su gremial, en Centro Económico, ni por su cuenta, jamás se ocuparon del tema.
En mayo de este año, en un artículo de opinión titulado “… y la cartelería será boleta”, yo mismo alertaba sobre el alcance de esta normativa que, por su redacción, habilitaba al Ejecutivo a reglamentarla como se le diera la gana.
Así llegamos a estos días cuando, sorpresivamente, el Ejecutivo sacó de su galera un tarifario rayano con la locura, de valores exorbitantes, con criterios de aplicación abierta, el cual fue aprobado en comisión la semana pasada, siempre por imposición de mayoría y sin ningún tipo de debate.
Ante esta situación, nuevamente los ediles salieron a conversar con el Centro Económico y con los comerciantes para advertirles que era inminente la promulgación de esta ordenanza y les avisaron que se realizaría, sospechosamente, en sesión especial el martes por la noche.
Pero nuevamente primó la necia indiferencia y a la sesión solo asistió un comerciante local y dirigente del Centro Económico que solo desnudó el desinterés del sector por el tema.
Esto fue rápida y hábilmente capitalizado por los ediles erristas, Schonfeld a la cabeza, que aseguraron que los comerciantes estaban de acuerdo e insinuó que el propio Cristian Ciancio, presidente del CEG, también acompañaba la medida.
Por supuesto que todo fue en vano y, luego del pataleo de los concejales que se oponen a este tipo de atropellos, impusieron por su mayoría la aprobación de las tarifas.
Así es como, luego de la bochornosa sesión, quedó sellado en el Concejo Deliberante el abusivo marco de ley para la cartelería comercial, restando solo la reglamentación, absolutamente arbitraria, por parte del Ejecutivo.
O sea, a partir del próximo 1° de noviembre, regirá en nuestra ciudad un maquiavélico marco normativo que le permitirá a la Gestión Erro, cuando así lo considere, cobrar multas de hasta 400 mil pesos, y a nadie le preocupó.
Que lejos quedaron aquellos épicos tiempos cuando, liderados por un Centro Económico activo y reconocido como referente provincial en la defensa de las PyMEs, los comerciantes en pleno resistieron el desembarco de Walmart.
Tan lejos que hoy el DAR entró con alfombra roja, burlándose de todo y todos, y el gobierno local impuso, e impone, lo que se le da la gana en aras de una mejor recaudación, sea carga y descarga, sea estacionamiento medido, sea la cartelería, sin que nadie diga nada.
Solo cinco años pasaron y es difícil comprender tal necia irresponsabilidad de un lado y tal inescrupuloso abuso del otro sin fantasear con los fantasmas de la connivencia, de la confabulación, de la mera complicidad.
Hoy las PyMEs comerciales sufren los flagelos de la inflación y la recesión, y, como si no fuera suficiente, las “políticas” locales solo tienden a profundizar sus crisis y lograr su extinción, favoreciendo, como siempre, la concentración económica de las grandes cadenas.
Norman Robson para Gualeguay21

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