El pasado 30 de enero, a partir de un problema de salud, publiqué en mi perfil de Facebook mi vía crucis por el hospital San Antonio tratando en vano de ser atendido. Dicha publicación fue comentada por un empleada del nosocomio reconociendo las falencias del mismo en la actual dirección. Ésto motivó una inmediata comunicación de la Dirección hacia ella, en peculiar tono, demostrándole que está siendo observada. El hecho demuestra una práctica de censura propia del pasado e inimaginable hoy en día.
“El hospital está atravesando uno de los peores momentos”, comentó la empleada en mi publicación aquel día, y agregó: “y trabajo ahí”, para afirmar enfática: “Lo digo con conocimiento”. Dicho esto, explicó que “hace muchos años que no se ve el abandono, la burocracia y la desidia que se nota en todos lados ahora”, y resaltó que es “ediliciamente impecable”, pero que “lo demás, un desastre”.
Lo que no sospechaba entonces la empleada es que sus comentarios en las redes sociales eran monitoreados por la propia dirección del hospital. Recién lo supo cuando recibió una nota de ésta refiriéndose explícitamente a su comentario en mi publicación, repitiéndolo textualmente, y le pidieron “mayor información” para poder intervenir y dar las respuestas y soluciones esperadas.
Para terminar, en la nota le recordaron que esa dirección, esa que monitorea las publicaciones de sus empleados, se encuentra abierta al diálogo, que nunca recibieron nada de parte de ella, y que quedan a la espera de su informe.
Lamentable.
Norman Robson para Gualeguay21


















