20 julio, 2024 10:56 pm
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Los dejamos solos, aunque solos llevan su buen tiempo

El pasado martes, los trabajadores marginales, no registrados, ni considerados, ni siquiera reconocidos, del Hospital San Antonio hicieron, tal cual lo habían planificado, su marcha en reclamo de un salario mínimamente digno. Para la oportunidad, en su impotente desesperación, éstos habían pedido por redes y medios el acompañamiento del pueblo. Pero, a la hora de la marcha, estuvieron más solos que Adán en el día de la madre. Apenas una bandera de la CGT, un par de dirigentes, y nadie más. Casi me atrevo a decir que éramos más los periodistas registrando la marcha que cualquier acompañamiento. Un peligroso voto en favor de la injusticia.

Las imágenes tomadas por los medios son un testimonio frío y cruel de esa realidad. Claro, fue a las 10 de la mañana, hacía frío, a esa hora muchos trabajan, los chicos no tengo con quien dejarlos, y, encima, había muchas banderas sindicales. Las excusas para no acompañar podrían haber sido muchas… ¿Pero nadie? Sin dudas, más allá de todo, la escena abre un montón de inquietudes.

Éstos trabajadores ganan un miserable monto de 160 mil pesos mensuales, sin ningún tipo de derechos sociales y legales, y por respuesta a su reclamo, sus patrones no se hacen cargo y solo sugieren que si no les gusta se busquen otro trabajo en el que ganen mejor. Pero parece que a nadie le importa tan aberrante violación de derechos.

Lo más grave de todo esto es que al ignorar eso se está permitiendo, consintiendo y alentando una peligrosa injusticia, la cual es muy contagiosa y, rápidamente, puede propagarse, con serias consecuencias para todos. Una injusticia que puede ser imitada por otras reparticiones públicas, o aumentada, como en el caso del propio municipio, que ya las comete en calidad y cantidad similares.

En este país, cualquier hijo del vecino, o argentino de bien, que tenga un empleado, y aunque lo tenga en negro, sabe que es su responsabilidad pagarle a éste un salario digno en tiempo y forma, a la vez que también sabe que si el empleado no cumple, o no sirve, se lo despide, y se busca otro. Cualquiera sabe bien que no puede pagarle menos, ni más tarde, ni puede dejar de pagarle. Así lo establecen las leyes, el sentido común y el mínimo respeto.

Cabe señalar que, en este caso del Hospital San Antonio, el concepto “arancelado” como forma contractual laboral no existe, es un invento que no está contemplado por ninguna ley. O sea que es la Administración del Hospital la responsable de que esa gente cumpla con su trabajo, de que cobre lo que deba cobrar, y de que sean despedidos si no cumplen o no sirven. A nadie le importa de dónde sale el dinero, es un problema exclusivo de las autoridades del nosocomio cómo manejan sus recursos.

De ninguna manera la Administración puede argumentar que le paga a un grupo de empleados en tanto y en cuanto cobre lo arancelado a las obras sociales. Es insólito. Eso sería como que un kiosquero tome un empleado y le pague según cuánto venda de chupetines fiados, y cuándo los cobre. Absolutamente ilegal.

En definitiva, la soledad de esa marcha es preocupante, no solo para la lucha de esa gente, sino para la sociedad en general, pues Gualeguay, al dejar que marchen solos reclamando por algo justo, ha avalado una peligrosa injusticia que, insisto, puede afectarnos a todos.

Norman Robson para Gualeguay21

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