Érase una vez un pueblo que tenía un hermoso río. Una mañana, un grupo de vecinos se despertó autopercibiéndose defensores del ambiente, y, para demostrar su profundo compromiso, etiquetó a ese río como contaminado y lo condenó al rechazo público. No le importó que no fuera cierto, solo abrazó el falso argumento para su protagonismo. Esta síntesis describe la historia del río Gualeguay en Gualeguay, una historia que merece que se le aparte la paja del trigo.
Cuando llegué a Gualeguay en 1988, me invitaron a comer a un restaurante en el parque, al lado del río. Me imaginé un bonito salón, rodeado de añosos árboles con vista al río. Al llegar me encontré con el salón y los árboles imaginados, pero todo de espaldas al río. Lo único que daba al río eran los baños. Esa vez entendí que Gualeguay y su río estaban divorciados.
Desde entonces vi cómo un verano, murió el balneario municipal, y vi ene veces como abría y cerraba Paso de Alonso en una ridícula disputa con el poder. Y vi crecer un grupo de gente que, no conformes con las empresas, utilizaron también el río para erigirse como institución. Y vi cómo el poder político se aprovechaba de esta moda para sus fechorías. Fui testigo directo de todo eso.
Hasta vi una conferencia de prensa donde anunciaron que el río estaba contaminado esgrimiendo documentos que decían lo contrario. Nunca en todos estos años alguien pudo esgrimir prueba alguna para condenar al río por contaminación. Sin embargo, gran parte del pueblo lo declaró culpable.
Nadie reparó que ese río, uno de los más bellos del Litoral, bendice la ciudad con más de 32 kilómetros de una costa desbordante de belleza natural, lo cual significa un patrimonio natural valiosísimo de la ciudad que es envidiado por muchisimos pueblos.
Realidad y mitología
Verdad: Que para que un curso de agua, donde ésta fluye rápida y constantemente, esté contaminado, se lo debe contaminar en todo su trayecto y constantemente. Y si un curso de agua está contaminado su agua estaría muerta, no tendría ningún tipo de vida. No habría fauna ni flora, ni bajo sus aguas ni en sus costas.
Mito: Que Soychú y Soluciones Ambientales contaminan el río. La primera tiene un complejo de piletas de tratamiento en las que trata todos sus efluentes líquidos contaminados, y si éste fallara, se trata de material orgánico qué desaparecería rápidamente. La segunda no descarga efluentes líquidos contaminados, sino que son los de sus sistemas de enfriamiento, los cuales no contaminan. Tanto Soychú como Soluciones venden todo lo que procesan. No les sirve tirarlo al río.
Mito: Que el basural y las cloacas contaminan el río. Salvo que el escenario de creciente sea extraordinario y sobrepase el nivel de las piletas o invada el basural a cielo abierto.
Mito: Que el río tiene el color y el olor característicos de agua podrida. El Gualeguay tiene los atributos organolépticos de un río normal en todo su recorrido.
Verdad: Que el glifosato escurre en parte hacia el río pero no en volúmenes importantes para la masa de agua fluvial, ya que se ha detectado su presencia pero aún no se aprecia impacto alguno.
Verdad: Que el río Gualeguay no está muerto, que sus aguas fluyen intensamente, que en ellas habitan cientos de especies ictícolas, y que en sus costas conviven diversas faunas avícola y mamífera.
Verdad: Que para la Organización Mundial de la Salud, el agua está contaminada cuando sufrió cambios que la convirtieron en agua tóxica, inservible, que no puede beberse ni destinarse a actividades esenciales, y que es una fuente de insalubridad. El agua contaminada provoca más de 500.000 muertes anuales en el mundo.
Verdad: Que el río Gualeguay NO está contaminado.
Norman Robson para Gualeguay21


















