Por Damián Zanini para Análisis
La tan mentada Corriente del Niño sigue dando que hablar. Como dicen en el barrio está más conversada que truco de seis; y por lo bajo se comenta: tendría que visitarnos más seguido para que las autoridades se pongan las pilas, mantengan los desagües y realicen todas las obras que sean necesarias a fin de evitar inundaciones. Cosa que no es la primera vez que sucede lamentablemente. En nuestra región hemos padecido este tipo de eventos muchísimas veces con cuantiosas pérdidas materiales y humanas. Basta recordar la de 1982 que cortó la Ruta 12, entre Ceibas y Brazo Largo; la de Santa Fe en su momento; Concordia, Gualeguay en 2007, etcétera.
El rigor científico de la meteorología sin dudas resulta de vital importancia para la agricultura, ganadería, la producción y la logística en general. Teóricamente también advierte a los organismos competentes sobre la adopción de todas las medidas de prevención. Algo que tampoco es novedad porque los pronósticos existen desde hace décadas. Los mismos que anticiparon el déficit de lluvias por tres años consecutivos y que dejó hace poco un cuadro dantesco en el país. Incluso en el plano doméstico nos permite planificar actividades como lavar ropa, cortar el pasto, o barrer la vereda. En ese marco deberíamos aprender no tanto por los anuncios fundados desde ya, sino por el peso de los reiterados precedentes. Un recurso tan simple del reino animal como la memoria trágica.
Ante este panorama algunos funcionarios han comenzado a trabajar en silencio, otros no tanto, y los más arriesgados se animaron a hacer declaraciones espectaculares. Tal es el caso de la intendenta de Gualeguay Dora Bogdan. En conferencia de prensa, la intendenta -en medio de un clima de tragedia griega ante el gesto adusto de los miembros de su equipo-, anunció la suspensión de fiestas, bailes, recortes en los corsos y todo lo que signifique jolgorio, por razones de austeridad. De por sí una medida antipática y hasta políticamente incorrecta. Por tal motivo, el municipio destinará millones de pesos (sic) que se gastan en aquellos menesteres a la limpieza de canales, arroyos, y demás obras y servicios para garantizar que el agua se escurra lo más rápido posible. Los más creyentes dirán: ¡Bendecido sea el Niño, hacedor de milagros! Era hora de que se ocuparan de estas cuestiones. Cuánta vigencia cobra en estas circunstancias la fábula de la Cigarra y la Hormiga que leíamos en la escuela primaria.
A confesión de parte relevo de pruebas. Esto equivale a reconocer que durante mucho tiempo se han venido dilapidando fortunas en jarana y diversión, descuidando aspectos esenciales de hidráulica en las zonas de chacras, en los barrios periféricos y en la Defensa Costera, cosa que ha sido constatada in situ por el propio Gobernador Frigerio un par de años atrás, quien anduvo con el agua a la cintura por estos lares.
Los fenómenos climáticos ocurren cuando Dios así lo dispone. La ciencia puede indicar más o menos el tiempo y forma en que llegarán. Lo que no se puede pretender es una tormenta a medida, al servicio de intereses personales o políticos, ni tampoco se pueden manipular las fuerzas vivas de una ciudad, las que institucionalmente ya tienen sus propias funciones asignadas.
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