Desde que impera esta política de monopolizar todo el negocio del espectáculo durante todos los sabados de enero y febrero, frente al Corsódromo local siempre hubo negocios buscando aprovechar lo poco que se le escapa a la Municipalidad del negocio carnaval para salvar su situación. Pero, tal como el perro del hortelano, aquel que lo que no pueda comer no va a dejar que otro lo coma, salvo que sea amigo o se haga amigo, no pocos han sufrido el accionar municipal impidiendo cualquier negocio. De esto se trata la historia de “lo Frizzo”.
Es un local que ofrecía bebidas y sándwiches sobre la Av Illia, pero que, harto de persecuciones, injustos castigos y actitudes mafiosas, este año ya ni abrió. Y así lo lamentó su dueña en las redes días pasados.
A este comercio, temporadas anteriores, le pidieron baños, los puso; les exigieron planos hasta de la casa, los presentó; les cobraron por mesas y sillas, pagó; lo obligaron a poner seguridad, la puso; etcétera, etcétera. Así y todo, les mandaron inspecciones todos los días, y hasta los clausuraron.
Este año, la dueña entendió el mensaje, y eligió no hacer nada. Parece que entendió el mensaje.
Norman Robson para Gualeguay21


















