Después de medio siglo ignorando su importancia, vistas las últimas consecuencias sufridas por miles de familias, y ante la actual amenaza de El Niño, el Estado se dignó, finalmente, a reacondicionar el canal o zanjon de Hugo. Se trata de la arteria de escurrido más importante de la realidad hídrica de Gualeguay, pues, a lo largo de sus 13,9 kilómetros, obedeciendo a las pendientes, desde el Bañado debería escurrir al río Gualeguay toda la lluvia caída al norte de la ciudad, y no dejarla llegar a la zona urbana. Por ello, la semana pasada salimos a recorrerlo, y estas son las observaciones.
La importancia de esta arteria de escurrimiento radica en que las defensas contra las crecientes están diseñadas para evacuar con sus bombas el agua que llueve en la ciudad y se acumula contra ellas, no el enorme caudal que llueve en los campos al norte, una superficie 3 a 4 veces mayor que la ciudad. En otras palabras, en esto radica la trascendente rol del canal o zanjón de Hugo, y del bañado como reservorio qué debería ser, sin autódromos o canchas de golf.
Ahora bien, para realizar el tan postergado acondicionamiento de este canal se utilizan máquinas pesadas para cavar y sacar la tierra de modo de dejar el canal o zanjón limpio, profundo y encajonado. Se logra así que el agua fluya.
Habida cuenta de que se estaban realizando esta tarea, días pasados fuimos a recorrer ese zanjón para saber cómo está lo que falta, cómo va quedando lo hecho y cuánto faltaría. Vale recordar que las tareas comenzaron a fines de abril de este año, y, hoy, dos meses y medio después, han completado 8,2 kilómetros, un 59 por ciento del total, restándoles 5,7 kilómetros. De esto se desprende que, en términos de tiempo, y si fuesen las mismas condiciones, restarían dos meses de trabajo. Estaría para mediados de septiembre.
Ahora bien, hay que considerar que de los 8,2 kilómetros realizados hasta ahora, 5,7, un 70 por ciento, fueron sobre un canal a campo abierto, donde se trabaja liviano y rápido, y solo 2,5 sobre un canal encajonado y tupido, donde todo se complica. Por el otro lado, de los 5,7 kilómetros que restan, solo 700 están despejados. Son los que limpió Ántola para sacar imágenes para las redes y mentir que el canal había sido limpiado. El resto, unos 5 kilómetros, están tupidamente obstruidos, con sedimentos, basura, alambrados, vegetación y cúmulos de tierra, lo cual va a exigir una gran tarea.
Por lo tanto, considerando ésto último, y en el esquema de trabajo actual, difícilmente se complete la obra antes de noviembre. Menos si viene llovedor, lo cual complicará aún más todo. Uno de los problemas es que hay una sola máquina y dos maquinistas abocados a estas tareas, todo el día solos, sin supervisión alguna.
Pero eso no es todo. Otro de los problemas que tiene este trabajo es el destino que se le da a la tierra. Por ejemplo, Ántola, cuando hizo lo poco que hizo, la dejó suelta a un costado y, gran parte, con la primera lluvia, terminó nuevamente en el zanjón. Es preciso retirarla rápidamente para que todo el movimiento no sea en vano.
Entonces.
Siendo que no contar con el canal o zanjón de Hugo acondicionado en tiempo y forma para la inminente llegada del fenómeno El Niño significaría un desastre para muchas familias, sería apropiado concentrar todos los recursos y energías disponibles en esta solución, y evitar que el agua del norte llegue a la ciudad y ésta colapse.
Cabe destacar que el estado de los desagües menores de la periferia no altera mayormente la situación hidrológica general, ya que esos llevan agua contra las defensas, donde debe ser bombeada al río. Eso parece ser solo para la foto y para decir que están trabajando. O para decir, después del desastre, que hicieron todo lo posible.
Por lo tanto, en esta situación actual, sería más que conveniente destinar urgente otra máquina, para que, entre ambas, avancen sobre el canal, personal para asistir en tareas varias, y un camión para que se lleve la tierra de allí, con responsables en el lugar controlando que así sea. No es de responsables disponer los recursos y no asegurarse los resultados.
Por último, de no hacerse esto, y de cumplirse el pronóstico de los científicos climáticos del norte, no seremos pocos los que sufriremos las inclemencias del tiempo, y sí serán unos pocos los culpables.
Norman Robson para Gualeguay21

















