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Apenas un botón de la otra historia

Y ahí está Maby Picon, desde el fondo de la injusticia, pidiendo justicia. Once tipos planearon aquella tarde arruinarle la vida. Y lo lograron. Fue un mediodía caluroso de un primero de diciembre. Año 1974. La locura y la muerte se arrebujaron entonces en las manos de once hijos de puta. La calle se llama Ayacucho, pero ésta es otra batalla.

El capitán Humberto Antonio Viola, 31 años, estaciona su auto Citroen Ami 8 frente a la casa de Ayacucho 233, a pocas cuadras del centro de la capital tucumana. Allí viven sus padres. De pronto, tres autos le cierran el paso. No avisan. Nunca avisan. Ellos hablan con balas. Disparos, gritos, confusión. 

Humberto Antonio Viola trata de defenderse y defender a los suyos, sabe de memoria cómo matan estos tipos. Se desespera, sabe que después de las ráfagas primeras vendrán a rematarlos. Siempre hacen lo mismo. Quiere defenderse, pero un escopetazo lo mata en acto. En el asiento de atrás queda muerta también su hija María Cristina, de 3 años. Otra bala se clava en la cabeza de María Fernanda, su otra hija de 6 años.

En la puerta de la casa grita paralizada su mujer, Maby. Desde sus 26 años, ve cómo en unos segundos le arrancan media vida. Conmoción en el barrio. Conmoción en Tucumán. Terror en todo el país. Las noticias muestran una joven mujer embarazada llorando frente al cajón de su hija y al de su marido. Y del cementerio de Yerba Buena, parte Maby al sanatorio donde su otra hija, María Fernanda, lucha por escaparle a la muerte. Ahí está Maby, todo dolor y todo amor. Con su panza enorme que más tarde será Luciana. Maby solo llora y reza. Reza y llora. Tiene buenas razones.

El país que la mira, grita venganza… también tiene las suyas. Los asesinos que ese mediodía le arruinaron la vida, escaparon con una sonrisa en los labios. Así lo dicen todos los testigos. Se fueron satisfechos, como disfrutando la muerte. Se enjuagaron un poco la sangre. Tal vez aún festejaban la victoria de tanta muerte. Los imagino sentados en una mesa frente a la máquina de escribir. Y, con los cuerpos aún tibios, velados por la Patria, contaron así su puta hazaña:

Ejército Revolucionario del Pueblo, (ERP), brazo armado del PRT – Partido Revolucionario de los Trabajadores, parte de guerra:

“A las 12.45 hs. se colocaron los coches en posición de espera; a las 13.13 pasó el Objetivo y se aproximan el auto operativo y el de apoyo… queda el auto semicruzado en la calle cortando el tránsito… El automóvil operativo se aproxima hasta la altura del objetivo, quedando medio auto adelantado. Situación extraordinaria. Siempre en los chequeos el sujeto descendía, en esta oportunidad la que descendió fue la esposa… disparan el primer escopetazo que da en el parante delantero izquierdo del parabrisas, el sujeto se agacha en ese momento y los balines dan de rebote a la pibita de 3 años que estaba atrás. El compañero de la ametralladora desciende y metiendo el arma por la ventanilla dispara una ráfaga corta (4 tiros) que dan al sujeto que igualmente desciende… los disparos le dan a la base del pulmón izquierdo… Al bajarse del auto le disparan el segundo escopetazo que pasa sobre el sujeto agachado… el sujeto corre hacia la calle San Lorenzo. El compañero de la ametralladora dispara con pistola… erró, adelanta y dispara otro tiro que frena al sujeto… El compañero ametralladorista remata con un tiro en la cabeza… inmediatamente el compañero de la escopeta le dispara a quemarropa un escopetazo y otro tiro de gracia… las heridas de la hija de 5 años no hallan explicación, salió de rebote en los disparos de gracia…”.

Hubo un antes y hubo un después en el grito del pueblo. Vaya si lo hubo. Los asesinos de los Viola se sacaron la careta, y se burlaron delante de todos aquél mediodía caluroso de una Tucumán inundada de sangre.

Maby, este 1ro de diciembre, el beso y el saludo son al cielo!!!

Horacio R. Palma

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