El pasado viernes, dos bicipolis observan a dos muchachos del barrio Molino, y, aunque no estaban haciendo nada malo, quisieron saber que hacían. Pero, como no se animaban, pidieron refuerzos al 911. Cuando llegó el móvil, fueron hacia ellos, y uno huyó hacia el barrio. Según la Jefa Departamental de Policía, allí el móvil inició una persecución del muchacho en bicicleta hasta una casa en el barrio Molino, donde tuvo lugar un confuso episodio.
Según el relato de la Jefa a Radio Gualeguay, aunque no estuviera cometiendo crimen alguno, los efectivos asumieron que el joven era sospechoso, por eso dispararon al aire para que se detuviera, e ingresaron a la casa por la fuerza para detenerlo. Aunque no le encontraron arma, ni nada robado o droga, igual se lo llevaron detenido, y quedó alojado en Jefatura.
Ahora bien, según los testimonios de los presentes en el lugar, el joven, de unos 25 años, es de un apellido conocido del barrio y ya tiene varias entradas en Jefatura. Por eso se asustó al ver la Policía, ya que “ya lo habían agarrado de punto” varias veces, y se vino a la casa del padre del amigo que estaba con él. Parece ser que en la casa, los uniformados creyeron que estaba armado y por eso los tiros, uno de los cuales impactó en la casa. Por último, los vecinos seguran que las marcas del accionar policial están en las paredes y los vidrios rotos.
Más allá de las mentiras y verdades de cada versión, lo cierto sería que no debería haber ocurrido de ningún modo.
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