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Caminar tras los sueños


Espero hayas tenido una hermosa celebración de Noche Buena y Navidad. Estamos arrancando el 2014. Este día domingo 5 de enero, termina en lo que llamamos noche de reyes. Una celebración muy unida al mundo infantil pero, que si lo pensamos un poco, nos cabe mejor a los jóvenes y a los adultos.

Los chicos disfrutan porque unos cuantos reciben regalos o se les tiene en cuenta de manera particular. El 6 de enero evocamos el momento en el cual los 3 magos que vienen de lejos llegan a Belén para adorar al Niño Jesús y ofrecerle regalos que simbolizan que el nacido de María es hombre y Dios, y será Rey de su Pueblo.
Pero lo interesante para jóvenes y adultos es considerar cómo estos tres personajes llegaron al pesebre. Vieron una estrella y se pusieron en marcha, nos dice el relato del Evangelio.
En aquella estrella supieron descubrir una vocación, un llamado a dejar lo conocido e ir hacia un lugar que no sabían dónde quedaba. Pero intuyeron interiormente que valía la pena salir de casa y emprender el camino, porque tenían un rumbo y una búsqueda. Algunas veces en la vida, tal vez no muchas, sentimos en el corazón una intuición profunda de hacer algo por los demás, por la familia, por el mundo, por la Iglesia. O tal vez la experiencia es de cierto inconformismo o insatisfacción. A veces tenemos anhelos o sueños, pero para alcanzarlos hay que desinstalarse y estar dispuestos a ponerse en camino.
El Documento de Aparecida nos expresa con convicción: “La Iglesia sabe, por revelación de Dios y por la experiencia humana de la fe, que Jesucristo es la respuesta total, sobreabundante y satisfactoria a las preguntas humanas sobre la verdad, el sentido de la vida y de la realidad, la felicidad, la justicia y la belleza. Son las inquietudes que están arraigadas en el corazón de toda persona y que laten en lo más humano de la cultura de los pueblos. Por eso, todo signo auténtico de verdad, bien y belleza en la aventura humana viene de Dios y clama por Dios”.  (DA 380)
Todos esos anhelos profundos son motivados por la presencia del Espíritu Santo que hace de nosotros personas audaces en la búsqueda de todo lo bueno y bello.
Ponerse en marcha implica abrirse a lo desconocido, pero con la confianza en que lo que está por delante puede ser mejor.
Quien es desplazado de su Patria por persecuciones políticas, religiosas o ambientales, marcha con tristeza y amargura. Quien lo hace siguiendo un “sueño interior” camina con esperanza porque sabe que el camino tiene un horizonte y un sentido.
Te regalo fragmentos de un poema de Silvio Rodríguez que con belleza expresa:
“En busca de un sueño
transcurren los ríos,
en busca de un sueño
se salta al vacío.
En busca de un sueño
tallaron la piedra.
En busca de un sueño
Dios vino a la tierra”.
La Navidad nos vuelve a presentar la posibilidad de desplegar con confianza nuestros mejores sueños, y trabajar para hacerlos realidad. El amor es posible. Y tenemos todo el 2014 recién inaugurado para experimentarlo.
Por monseñor Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

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